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Editorial
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¿Una tarea imposible?
Lunes,  13 de Agosto, 2012

El futuro de la institución policial ha vuelto a ser centro de atención luego de la reciente presentación del libro "Historia no oficial 1826-1982" del ministro de la Presidencia, Ramón Quintana, que relata la trayectoria histórica de la Policía nacional desde su creación hasta fines del Siglo Veinte. En resumidas cuentas, se ha planteado el rol de la Policía boliviana en concordancia con los vaivenes políticos y sociales por los que ha atravesado el país. Desde esa óptica, se ha señalado que la tarea de largo aliento que significa la descolonización del país, en que se halla empeñado el Gobierno, debería involucrar a la institución del orden para estar a tono con la actual coyuntura histórica.

En el terreno de los hechos, se ha constatado que desde un tiempo a esta parte la ciudadanía en general acusa una percepción negativa acerca del desempeño de la Policía. Las más de las veces han señalado a la institución como instrumento represivo al servicio de los gobiernos de turno, con todas las implicancias que esa situación conlleva. Por otro lado, pese a los denodados esfuerzos de la institución del orden por brindar seguridad a la ciudadanía, actos irregulares y reñidos con la ley de sus propios miembros han mancillado su prestigio. También ha sido una constante la insuficiente disponibilidad de profesionales especializados, aspecto que ha mermado su eficacia.
 
En otras palabras, su función institucional, en directa relación de servicio a la sociedad, ha quedado en entredicho y agravada por la crónica insuficiencia de recursos y equipos indispensables -que debe proporcionar el Estado- para cumplir objetivos mínimos. La dependencia política y económica del país en relación a las metrópolis también ha jugado un rol de subordinación que ha afectado la institucionalidad policial. Por tales circunstancias, llamar a la descolonización de la Policía puede sonar a retórica inútil si el conjunto nacional no le acompaña. Si se considera una meta factible en el tiempo, habrá que convenir que tal descolonización impresiona como una tarea de largo aliento.
 
Recoger los valores del país y en función de sus propias necesidades requiere, por cierto, del aporte unificado de la sociedad boliviana en su conjunto, del que no puede estar excluida la Policía nacional. Por ello, construir y fortalecer su institucionalidad deviene en una de las tareas más urgentes que debe encarar la presente administración gubernamental si pretende iniciar un auténtico proceso de recuperación de valores propios en lo cultural, social y en lo político doctrinario para la institución del orden. Y en función de este fortalecimiento resultará imprescindible que sus miembros aspiren a salarios dignos y que la Policía cuente con la infraestructura y equipamiento modernos.
 
Una institución policial fortalecida implicará, además, la diversificación creciente de unidades especializadas conformadas por personal de diferente rango, con alto grado de profesionalización, cualidad que le permita cumplir a cabalidad con las delicadas tareas que la sociedad boliviana demanda. Reconforta que se piense en la independencia del poder político para la Policía nacional, tanto de los gobiernos de turno como de los partidos políticos en general. Un logro de esa naturaleza permitiría suponer que se alcanzaría en el país un elevado nivel de cultura y práctica democrática. ¿Tarea imposible? De menos retórica y de mayor acción depende que tal meta sea una realidad.

Una institución del orden independiente del poder político puede ser resultado de un elevado nivel de cultura y práctica democrática. De menos retórica y de mayor acción depende que tal meta sea una realidad.

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