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 19 de Abril de 2019
Editorial
La reinvención de la macroeconomía
Economía en línea.
Domingo,  6  de Febrero, 2011

En las últimas semanas la propaganda oficial ha bombardeado a la opinión pública con datos macroeconómicos. Superávit fiscal, balanza comercial positiva, reservas internacionales que habrían sobrepasado los 10 mil millones de dólares, entre otros. Habla mucho menos del crecimiento enano de 3,8 % o de la inflación elevada de 7,18 o la escalada de precios de los alimentos que llegó a 11% en el 2010.  Como en el pasado neoliberal los datos macro dominan la agenda de políticas públicas.

El crecimiento económico entre 2006 y 2010 fue, en promedio anual, de 4,5%. Este resultado es muy parecido a la tasa de crecimiento del período de auge del neoliberalismo, entre 1994 y 1998. El crecimiento económico en Bolivia, además de ser muy bajo comparado con la región latinoamericana, es muy sensible a los booms y colapsos de los precios internacionales de los recursos naturales y a la volatilidad de los ingresos de capitales. El crecimiento moderado del producto en los últimos años, también se explica por el “sesgo financiero” de las políticas macroeconómicas adoptadas.

Según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), la mayoría de los países latinoamericanos, desde los años noventa hasta ahora, optó por políticas macroeconómicas que tuvieron como prioridad la estabilidad financiera; entre tanto, los resultados sobre el crecimiento económico y la equidad social fueron muy magros. Para la Cepal , el hecho que la macroeconomía haya enfatizado los objetivos de bajar inflación y disciplina fiscal tuvo consecuencias negativas desde la perspectiva del desarrollo.

La estabilidad macroeconómica financiera contrastó con las intensas fluctuaciones de la tasa del PIB; es decir, con la inestabilidad del producto, que, a su vez, se tradujo en fuertes variaciones de la demanda agregada, el tipo de cambio y las expectativas los actores económicos. El entorno macroeconómico de los últimos 20 años en América Latina no estimuló la formación de capital, la innovación tecnológica y la creación de empleos de calidad. Bolivia no fue la excepción.

El concepto de estabilidad macroeconómica se transformó en este período. Según José Antonio Ocampo, un economista colombiano, después de la segunda Guerra Mundial, para el pensamiento keynesiano, estabilidad macroeconómica implicaba una combinación de equilibrio interno (pleno empleo, crecimiento económico estable e inflación baja) y ponderación externa (balanza de pagos equilibrada). A partir de la hegemonía del pensamiento neoliberal en los años noventa, el equilibro fiscal y la estabilidad de precios  se convirtieron en los objetivos dominantes de las políticas macroeconómicas. El rol contracíclico de las políticas macro fue abandonado y se dejó de lado los temas de inestabilidad macroeconómica real;  es decir, comportamiento del producto y empleo. Ocampo aboga porque las políticas macroeconómicas amplíen sus objetivos e incluyan múltiples dimensiones,  envolviendo no sólo la estabilidad fiscal o de precios, sino también la evolución del producto, las relaciones endeudamiento sostenibles, balance público–privados saludables, moderadas tasas de interés de largo plazo, tipos de cambio competitivos y lo más importante, retomar el objetivo keynesiano final: el pleno empleo.

En estas circunstancias, para Ffrench-Davis, economista chileno, "se precisa pasar del fuerte sesgo ‘financierista’  y ‘cortoplacista’ a un enfoque que priorice, explícitamente, el desarrollo productivo y su repercusión en la equidad. Ello requiere un enfoque integrado en que incorporen las interrelaciones entre la micro y la macroeconomía, y se consideren las implicancias de la intensa heterogeneidad estructural de los mercados nacionales y la prociclicidad intrínseca de los flujos financieros internacionales".

En el caso boliviano, en el período 2006 y 2010, las políticas económicas adoptadas no rompieron con el patrón descrito para América Latina. La macro fue cortoplacista, en especial, las políticas monetarias  y cambiarias que mantuvieron elevados grados de continuidad, en objetivos e instrumentos, respecto al pasado neoliberal, cuando las políticas macroeconómicas priorizaban el control de la inflación y el balance presupuestario.  Entre tanto, durante la administración del presidente Morales, la política fiscal fue expansiva, el gasto y la inversión aumentaron significativamente, aunque hay duda sobre su calidad y eficacia de estas para fomentar el crecimiento y la creación de empleo. Más aún, estas dos últimas variables fueron afectadas por los altibajos en los ciclos económicos, problemas de acceso a créditos, apreciación del tipo de cambio real, políticas monetarias contradictorias, primero contractivas para controlar la inflación hasta el 2008 y después expansivas. Además, durante la administración del presidente Morales no se avanzó en la coordinación de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria, hecho que las tornó  más disfuncionales respecto a las metas de crecimiento económico sostenido.   En suma, a la macroeconomía no llegó el cambio y por lo tanto, ahora ésta precisa de ser reinventada.

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Gonzalo-Chavez-
Gonzalo Chavez
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