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Editorial
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La pulseta impositiva
Sábado,  11 de Agosto, 2018
La-pulseta-impositiva

La cultura tributaria ciudadana de un lugar -el pago puntual y justo de sus impuestos- se traduce en recursos suficientes para emprender obras de beneficio colectivo. Sin estos recursos las administraciones locales, departamentales y nacionales se ven imposibilitadas de atender puntuales demandas sectoriales y de satisfacer necesidades sentidas y percibidas. En Bolivia existe notoria insuficiencia de esta importante cultura impositiva. De hecho, diversos sectores en el país se han resistido y resisten aún, al pago de tributos nacionales y ediles, por uno y otro motivo, destacando en ello los sectores gremial y transporte, convirtiéndose en los tradicionales evasores de impuestos.
 
Resulta deseable que en un país todos los ciudadanos tributen conforme lo señalan las normas legales. Este pago de tributos impositivos deviene en saludable para la economía local si no se hacen discriminaciones ni favoritismos, porque de lo contrario se genera descontento, lo que sumado a una incipiente cultura impositiva, degenera en la indeseable evasión. Sin embargo, resulta evidente que en el país unos tributan, a veces por demás, mientras que otros no tributan. De esta manera se castiga a los que ejercen sus actividades en el marco de la legalidad, mientras se premia a los informales. Entre estos se encuentran los gremiales y, de algún modo, el sector de los transportistas.
 
Con seguridad que esta situación viene a ser producto de normas impositivas inadecuadas, obsoletas, draconianas y también insuficientes. De esta manera, se coloca en la mesa del debate la necesidad de analizar de manera crítica el Código Tributario vigente. Y esta es, justamente, una de las demandas de los sectores gremiales y transportistas, que se han unido para obtener del Gobierno, por las buenas o por las malas, así han afirmado, un “perdonazo” impositivo y un nuevo código tributario. Estos sectores están en su pleno derecho de luchar por sus intereses genuinos, pero deberían cuidar las formas, porque históricamente, han tributado menos por privilegios varios.
 
No obstante haberse sujetado a las actuales normas vigentes, encuentran los gremiales que se les sanciona en demasía, mientras que los transportistas han señalado varios problemas, todavía sin resolver, en sus aportes tributarios. Si bien es cierto que reclaman soluciones, también abogan por que se les perdone sus deudas tributarias. En los hechos significa una evasión disfrazada de presión social. Sin duda que la unión de gremialistas y transportistas para lograr sus objetivos esconde un fin utilitario político, que puede ser al final, el remedio “parche” para esta coyuntura. Aun así, la elaboración de un nuevo código tributario significará un lapso de suspenso sin pago de impuestos.
 
Conviene no perder de vista que el pago de tributos impositivos sea universal, sin discriminaciones odiosas ni favoritismos insolentes. La ciudadanía y el grueso de los sectores legales que tributan, verían con malos ojos que el Gobierno ceda sin más a presiones que buscan llevar agua a su propio y único molino. Lo ideal sería verificar si el Código Tributario vigente se adecúa a la realidad nacional y su coyuntura histórica. En uno y otro sentido, corresponde señalar que las “pulsetas” de este tipo no deberían servir para la evasión impositiva. La cultura impositiva significa universalidad sin privilegios, porque los tributos generan recursos para atender las necesidades de todos.

Corresponde señalar que las 'pulsetas' de este tipo no deberían servir para la evasión impositiva. La cultura impositiva significa universalidad sin privilegios, porque los tributos generan recursos para atender las necesidades de todos.