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Editorial
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Guerra contra la informalidad
Viernes,  27 de Julio, 2018
Guerra-contra-la-informalidad

Los gremiales, transportistas y otros sectores pertenecientes al sector informal de la economía parecen estar dispuestos a hacerle la guerra a las autoridades municipales, lo que equivale a enfrentarse a la ciudad o al menos al ideal de ciudad que suele concebirse en ciertos círculos profesionales e intelectuales.

Lamentablemente no todos son coincidentes y a veces chocan con la visión de los gremios, de los políticos y de los ciudadanos que suelen sacarle provecho al caos, desde el ama de casa que compra “al paso” en la calle sus verduras, el usuario que hace parar al micro donde le da la gana o el dirigente que utiliza la gran fuerza de movilización de los vendedores de los mercados a su favor, a cambio de hacer la vista gorda con el desorden.

Como decíamos, los mercaderes y micreros parecen estar dispuestos a todo y lo han manifestado a través de bloqueos muy agresivos y manifestaciones públicas cargadas de agresividad, pues se han presentado con los rostros cubiertos con capuchas y máscaras vinculadas a grupos extremistas.

Nadie puede asumir en estas expresiones una actitud folklórica o ingenua, pues tanto los gremiales como los transportistas tienen gran experiencia en el campo político y siempre han sabido acomodarse y sacarle rédito a sus jugadas. En ese sentido, las capuchas, usadas días atrás por manifestantes oficialistas, buscan transmitir la idea muy en boga de que pese a todas las normas, ordenanzas y disposiciones municipales, ellos están dispuestos a salirse con la suya y seguir de dueños de las calles, de los mercados, de las aceras, de las plazas y cuanto espacio público caiga en sus manos.

Además de la escasa conciencia ciudadana sobre la importancia de ordenar la ciudad, hay quienes creen que el Estado, en este caso representado por el Gobierno Municipal, no debe interferir en la libertad de comercio, un derecho elemental de cualquier ser humano. Si pensamos así, deberíamos concluir que Bolivia es uno de los países más libres del mundo, pues aquí se puede transar con mucha facilidad con cualquier tipo de mercadería, con escasa intervención estatal: desde ropa usada, autos “chutos” y celulares robados, hasta drogas y armas y cualquier artículo de contrabando.

Si el liberalismo y el comercio fueran simplemente eso: dejar hacer y dejar pasar sin sujeción a ningún tipo de norma, Bolivia ya hubiera dejado hace mucho su condición de país pobre y atrasado, y aquellas naciones donde impera la formalidad, como Suiza o Austria no estuvieran a la cabeza del desarrollo, sino en la cola, como actualmente estamos precisamente los bolivianos.

La guerra contra la informalidad no es equivalente a la dicotomía entre estatismo y liberalismo, se trata de una condición básica para construir un estado sostenible, basado en instituciones y leyes asumidas por todos los habitantes y no solo por un pequeño grupo. El reciente informe del Banco Mundial que indica que Bolivia tiene una de las economías más informales del mundo, debería preocuparnos, pues es sinónimo de atraso, pobreza y todos los males que supuestamente queremos erradicar.

El reciente informe del Banco Mundial que indica que Bolivia tiene una de las economías más informales del mundo, debería preocuparnos, pues es sinónimo de atraso, pobreza y todos los males que supuestamente queremos erradicar.

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