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 21 de Septiembre de 2019
Editorial
El tacú de papel
Los piratas del microcosmos
Martes,  18 de Junio, 2013

Los antiguos escritos de la ciencia señalan que antes que el inglés Robert Hooke descubriera la estructura de la célula vegetal en 1665, otro genial científico, de origen holandés, tuvo  un soberbio ataque de misticismo cuando hizo uso de su invento: el microscopio. Anton van Leeuwenhoek en 1653 fue el primero que vio el mundo microscópico con el sistema de los lentes de aumento de su invención. Su sorpresa fue mayúscula cuando observó gran cantidad de “animálculos”, pequeños seres vivos que se movían en una gota de agua. Pensando haber ofendido a Dios al permitirse ver algo que el creador no había puesto a la simple observación, pidió perdón por su atrevimiento.

Los temores de buen Leeuwenhoek, sin embargo, no detuvieron el avance de la ciencia. Los hombres escudriñaron el microcosmos con tanta pasión como tenacidad se impusieron para desentrañar los misterios del espacio sideral. En la actualidad nos felicitamos por el hecho que los adelantos en el conocimiento del Universo son tan extraordinarios, al punto que buscamos planetas habitables por si el que nos cobija terminamos por destruirlo. Y créame, querido (a) lector (a) que los avances en el conocimiento del mundo microscópico superaron ampliamente los logros que vislumbraron de manera genial Anton van Leeuwenhoek y el propio Robert Hooke.
 
Todos debemos saber que en el año 2001 se publicaron en las revistas Science y Nature los primeros informes del borrador del Proyecto Genoma Humano, iniciado una década atrás. Estamos hablando de la búsqueda de los ladrillos de la herencia genética, el sustrato de la vida: los genes. Los que saben afirman que Genoma es el conjunto de los genes de un organismo. Hoy se sabe que los seres humanos poseemos entre 30.000 a 40.000 genes. La importancia de conocer el Genoma Humano es que abre infinitas posibilidades para descubrir enfermedades de manera oportuna y encarar su tratamiento. La explotación de este saber se presenta -obvio- como una auténtica mina de oro.
 
De pronto, surgen las figuras del biocomercio y la biopiratería. De lo que se trata es de apoderarse de especies vegetales valiosas y patentarlas. Es decir, hacerse dueñas de algo que está libremente en la naturaleza. Quien quiera beneficiarse de estos vegetales deberá pagar a estos falsos dueños, que así pretenden hacerse millonarios. Diversas empresas han patentado plantas medicinales o alimentos valiosos. En 1994 investigadores de la Universidad de Colorado, EEUU patentaron la quinua boliviana conocida como Apelawa y apropiándose de ella pretenden su control monopólico. Lo mismo ha sucedido con la semilla de soya y también con la cúrcuma, planta medicinal india.
 
Hay todavía numerosos ejemplos de este biocomercio y biopiratería. Los piratas del microcosmos quieren ahora apropiarse -patentar- de los genes humanos como si los hubieran inventado. Hace poco el Congreso estadounidense ha rechazado se pueda patentar el ADN humano (ácido desoxirribonucleico), componente principal del gen.

Con esta valiente medida se trata de impedir se consolide la tendencia de apoderarse de los recursos de la naturaleza por empresas multinacionales y otras que buscan el lucro. Con seguridad éstas presentarán dura resistencia. Por ello, hoy por hoy el mayor reto de la humanidad es impedir que el tesoro de la vida caiga en manos de los nuevos piratas.

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Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
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