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Editorial
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La tarea de todos
Lunes,  1 de Abril, 2013

En el entendido que la salud de la población se erige en una de las más altas funciones del Estado, resulta comprensible que esta responsabilidad tienda a ser, sin embargo,  eminentemente colectiva. En otras palabras, la salud constituye una tarea de todos y compromete a la sociedad en su conjunto. Por ello, no conviene tomar a la ligera la seguidilla de denuncias de mala praxis médica, negligencias profesionales o el simple  trato inadecuado a los pacientes que está ocupando los titulares de la prensa escrita y de los informativos orales y audiovisuales. Se tiende a buscar la responsabilidad exclusiva de los hechos  en el desempeño del cuerpo médico, cuando el problema es estructural.

Tampoco se quiere dar la impresión -en estas cortas líneas- de querer justificar la auténtica mala praxis, o los hechos delictivos que derivan de la negligencia en salud, que sí se dan a menudo en nuestro país, tanto como se da en todas partes del mundo. Lo que preocupa es la deplorable insuficiencia del control a los establecimientos que ofrecen servicios de salud. Estamos hablando no solo del control de calidad de los establecimientos estatales como centros de salud y hospitales, sino también de aquellos del sector privado y de convenio que desarrollan sus actividades sin estar debidamente acreditados y autorizados. Los centros de estética y spa, corren a menudo por su cuenta.
 
El sistema de salud tiene que ver, y mucho, con el sistema educativo y la formación de recursos humanos para la salud. Conviene asumir que las falencias estructurales de un país se reflejan en la educación y también en la oferta de profesionales a través de las universidades del sistema. Las enormes lagunas que existen en el sistema universitario repercuten en la escasa respuesta que se ofrece a las demandas de la sociedad. En el caso boliviano, esta realidad se está tornando acuciante. En primer lugar, conviene admitir que la gerencia en salud es un punto a enfocar con cautela. Un saludable punto de partida viene a ser que cada establecimiento de salud esté bajo la responsabilidad de personal formado en administración sanitaria. La gestión de la salud pública es crucial.
 
Ello implica que, al menos en los entes estatales, de convenio y de seguridad social se destierre la inveterada costumbre de designar en puestos de elevada responsabilidad a simples conmilitones de partidos políticos en función de gobierno. El control social debe estar al servicio de la colectividad y no de los administradores gubernamentales de turno. Los efectos serán positivos, porque se contratarán recursos humanos idóneos, se priorizarán estrategias de mejor calidad de atención de salud y gestión de los recursos materiales, biológicos e infraestructurales, con amplio beneficio para los beneficiarios del sistema. Si el Estado boliviano cumple, la gente también estará obligada a cambiar.
 
La población está en su pleno derecho de acudir a las instancias pertinentes para reclamar y denunciar los hechos irregulares tanto en el sector público y privado. ¿Dónde está el Instituto de Conciliación Médica y Arbitraje? ¿Por qué no funcionan las comisiones para investigar los casos de mala praxis y negligencia? Simplemente porque la colectividad boliviana no ha asumido todavía la responsabilidad de su salud y no ha encontrado las vías adecuadas. Resulta inapropiado implementar leyes que criminalizan la actividad profesional sin análisis profundo. Sin duda, el control institucional y social debe ser exhaustivo, regular y permanente. Sin tal control, se alienta la impunidad.

La colectividad boliviana no ha asumido todavía la responsabilidad de su salud, ni  las vías adecuadas para el control institucional y social. Sin duda, éste debe ser exhaustivo, regular y permanente. Sin tal control, se alienta la impunidad.