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Enfoque Internacional
Coca Cola e indigenismo
Miércoles,  15 de Agosto, 2012

El ministro boliviano de Asuntos Exteriores, David Choquehuanca, se distingue por sus declaraciones altisonantes y provocativas. Años atrás señaló que lo que hoy es América, antes de la llegada de los europeos en 1492 era un continente de paz donde pueblos y hombres vivían sin guerras, en armonía y concordia. En otra ocasión se ufanó por no leer libros y preferir como fuente de conocimiento el saber y la experiencia de los ancianos y los aportes de la naturaleza y la madre tierra.

En fechas recientes sus palabras dieron la vuelta al mundo al vaticinar el fin del capitalismo y la coca cola en Bolivia el próximo diciembre, según lo indicado por el calendario maya. En esa fecha, de acuerdo con sus profecías, se pasaría de la Macha, la época de la oscuridad, el egoísmo, la división y el individualismo, a la Pacha, la de la hermandad, el amor, el comunitarismo y del mocochinche, un refresco de melocotón o durazno. Ante las palabras de Choquehuanca, que provocaron el malentendido de la expulsión de coca cola de Bolivia en la fecha señalada, se impuso el desmentido del presidente Evo Morales. Choquehuanca expresa una de las líneas más integristas en la defensa de los valores indigenistas dentro de su gobierno, aunque para ello deba violentar la realidad y la historia con demasiada frecuencia. Sin embargo, esto no es ningún problema para quienes se erigen en defensores de un pasado mítico que nunca existió. Si es necesario reescribir la historia, se reescribe; si el guión requiere establecer vínculos estrechos entre mayas e incas y aymaras con más de 500 años de antigüedad, se establecen.

Ahora bien, ésta no es la mejor manera de defender los derechos individuales y colectivos de los indígenas bolivianos y americanos. Ni con un acceso selectivo a la modernidad ni negando a la coca cola, consumida con fruición a lo largo y ancho del país, se impondrán valores sociales más solidarios. Hace un par de años el vicepresidente García Linera dijo que Bolivia no podía competir en conocimiento, es decir, en ciencia y tecnología, con los países más avanzados. Para equilibrar las cosas debían sacar partido de su ventaja competitiva: el comunitarismo. No había que invertir más en educación ni promover la I+D sino trasladar al mundo las buenas experiencias del comunitarismo plurinacional. Es algo similar a lo que señala Choquehuanca. La época oscura y tenebrosa, marcada por el individualismo, el capitalismo y la coca cola, será superada a fines de 2012 por las luces de la solidaridad, el comunitarismo y el mocochinche. Más allá de la necesidad de identificar a cada etapa con una bebida simbólica, preocupa el anacronismo del mensaje. El mocochinche no solucionará los problemas de los bolivianos, que son muchos. En su lugar, se debería apostar por la promoción de la sociedad del conocimiento.

Este tipo de manifestaciones tienen poco que ver con los presupuestos de las culturas indígenas y más con prejuicios ideológicos. El indigenismo no está reñido con la modernidad ni con los avances científicos y tecnológicos, y se puede y se debe defender con otros métodos. Otra cosa es que se quiera incorporar la modernidad de una forma selectiva. Una vez más estamos frente al paternalismo de las élites, aunque en esta ocasión se esconda bajo un manto indigenista.
 

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Carlos-Malamud-
Carlos Malamud
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