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Domingo,  25 de Abril, 2010

Fernando Luis Arancibia U. - Durante la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático, el presidente Morales habló de los efectos del consumo de pollo sobre los caracteres sexuales  secundarios. De pronto, ha cobrado notoriedad el tema de los géneros sexuales y se ha puesto de moda hablar de cómo son los hombres y las mujeres y, no faltaba más, cómo son aquellas personas que comulgan con ambos géneros o se inclinan más a uno que a otro. Como una erupción volcánica se han desencadenado verdaderas volutas de sexualidad y sexo en los medios de comunicación, comparables tan sólo a la erupción de los volcanes de Islandia, tan prestos a bloquear los cielos de Europa, como aquellos la mente de la gente.
Discutir sobre los géneros sexuales resulta una tarea apasionante. Todavía no se sabe a cierta cierta –pero se sabrá, inexorablemente- el porqué del homosexualismo y el bisexualismo. Más temprano que tarde se abrirá el cofre de la herencia invisible que constituye el enigma de la genética. Ya estamos en posesión del genoma humano y ya es posible diagnosticar enfermedades hereditarias con el simple examen del genoma de una persona. ¡Increíble pero cierto! Pero todavía hay más, ya se sabe que los grupos sanguíneos, por ejemplo, tienen que ver con la resistencia o la sensibilidad a enfermedades infecciosas.
La herencia invisible es justamente aquella que deviene de la existencia y supervivencia de la humanidad a través de los tiempos. Los que tienen grupo sanguíneo O, los dadores universales, o los que tienen grupo A, B o AB, son capaces de ser inmunes o muy sensibles a la peste bubónica, cólera, sífilis, tuberculosis. Todo dependerá de dónde vienen sus progenitores y los padres de éstos. Todo dependerá de la época en que han vivido y la experiencia acumulada y depositada genéticamente. Por la herencia invisible –el genoma- se sabe que el ser humano posee una mitad, por así decirlo, femenina y otra mitad masculina. La diferencia de los sexos la determinan las hormonas sexuales que predominan.
Sin duda que ambas partes, masculina y femenina, son fundamentales, imprescindibles y complementarias entre sí. De ahí se sabe que ni el hombre ni la mujer puede alegar superioridad del uno sobre el otro. La ciencia ha determinado que ambos géneros sexuales tiene sus fortalezas y sus debilidades, si se quiere. Y de la mezcla de ellos están conformados  los seres humanos. Nacida inicialmente en Africa, la humanidad recién empieza reconocerse como tal y sabe que es una gran mestiza. Adiós a las diferencias de raza, no las hay. Y recién se escribirá la verdadera historia científica de los tiempos.
Comprenderemos entonces el valor de las cosas antiguas. Los cristianos sabrán que no merecen denominarse así porque justamente no siguen las enseñanzas de Jesús el Cristo. Se sabrá el verdadero valor de Hipatia, la mujer sabia de Alejandría, el enigma de Leonardo da Vinci, el significado de la visión de Newton y Hawking, el enigma de Cayce. Recién entonces aceptaremos que hay varias dimensiones de tiempo y espacio que no conocemos. Recién entonces valoraremos la cultura de los pueblos y el sagrado enigma de lo que significa la mujer, la religión, la ciencia y la construcción de las sociedades por el hombre. Quizás más pronto que tarde valoraremos la herencia invisible y el planeta en que vivimos.
 

autor : Fernando-Luis-Arancibia-U.
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