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La guerra invisible
Lunes,  25 de Agosto, 2014

Las crónicas terrestres del último semestre han dado cuenta del fallecimiento -no vale la pena recordar el nombre- del último de los tripulantes sobrevivientes del Enola Gay, avión bombardero estadounidense Boeing B-29 Superfortress, que transportó, y desde donde se  arrojó la bomba atómica denominada Little Boy sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, iniciando el fin a la segunda guerra mundial. Los que saben han explicado que la segunda bomba atómica, la Fat Man, lanzada desde el bombardero B-29 Bockscar, el 9 de agosto sobre Nagasaki, obedeció a un plan bélico sustentado por intereses políticos e ideológicos que luego dieron lugar a la Guerra Fría.

El largo enfrentamiento entre el emergente bloque comunista-socialista de Asia y Europa y los "nuevos aliados" del occidente, en busca de hacerse con el poder mundial, han configurado las acciones bélicas de las naciones del planeta desde entonces hasta nuestros días. Son efectos de la guerra invisible. La comprensión de la misma explica no solo la situación de aislamiento de Cuba, sino también la omnipresencia de China Popular y el resurgimiento de Japón, Corea y otras naciones asiáticas otrora devastadas. Se explica también la crisis de Afganistán, la invasión de Irak, el conflicto permanente en Siria, Egipto, la franja de Gaza y el Oriente Medio. La guerra prolongada e invisible.

Se dice que es una guerra de sobrevivencia, lo cual deriva en un intento de explicar el problema al estilo del polémico darwinismo social, mediante el cual sobreviven solo los más capaces de la especie humana. Una torcida interpretación de este problema surgió en la Alemania nazi, cuando se buscó instaurar el "hombre superior" y se pretendió la inferioridad racial de los demás pueblos y grupos humanos. Las guerras invisibles se han dado en estos escenarios, donde se han decidido destinos. En otras palabras, se trata de identificar amenazas y actuar en consecuencia. Hay mucho todavía por ver, descubrir y explicar desde la caída de Berlín en 1945, hasta la conquista de la Luna, por ejemplo.

De hecho, se sabe que "llegar" a la Luna ha sido un pretexto espacial para seguir las pautas de la guerra invisible, desde escenarios futuros y previsibles. Hoy por hoy, las especulaciones se están confirmando. En cierto modo, una guerra espacial -que no una guerra de las galaxias- se ha ido implementando de manera paulatina entre las naciones. No está por demás decir que la ciencia y la tecnología se ven arrastradas por este rumbo. Los grandes avances se han dado por las amenazas a la civilización occidental. En este punto, uno recuerda la destrucción de la biblioteca de Alejandría, la muerte de Hipatia y la desaparición forzosa del inmenso tesoro del conocimiento humano por esas acciones.

Destruida la cultura oriental, que mucho ha dado al mundo, se ha impuesto la cultura "occidental", que no es otra cosa que intereses y metas diferentes. Quizás está aquí el origen de los problemas, el meollo no resuelto pese al tiempo transcurrido. Se ha hablado de las "guerras bacteriológicas", cuyas evidencias son bien conocidas y que han despertado el temor del mundo científico ante una nueva Caja de Pandora. ¿Qué tal si vuelve la viruela, hoy erradicada? ¿Por qué recién, ante la probable expansión del ébola a Europa y América, se lanza un efectivo medicamento experimental, cuando se sabía hacía tiempo cómo contrarrestar la enfermedad?  La guerra invisible tiene sus misterios.

(*) Fernando Luis Arancibia Ulloa es periodista. Médico pediatra. Magister en Educación Superior y en Salud Pública.

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Fernando Luis Arancibia Ulloa
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