Siguenos en:
Martes
 20 de Noviembre de 2018
El dia te recomienda
Miradas
El disenso como forma de protesta
Martes,  24  de Diciembre, 2013

Hace algunos días  me encontré con una reciente graduada de la carrera de Derecho. Fueron cuatro horas agradables con L.R.S., que transcurrieron entre la amenidad, la sinceridad y la autocrítica por parte de mi interlocutora. Un comienzo erótico muy prometedor que unía belleza e inteligencia. En este caso concreto, las calles quedaron muy cortas y el tiempo transcurrió de manera vertiginosa. Quise extender la compañía de mi flamante colega, pero fue inútil mi limitado esfuerzo por detenerla.

Una parte de la plática trató sobre la juventud actual (hicimos hincapié acerca de nuestra casa superior de estudios). Coincidimos en que la vida cotidiana de los abogados transita entre varios mundos paralelos. En ellos transcurre la ética familiar (socialización primaria) y los compañeros circunstanciales que se rigen por las modas gelatinosas del momento. Además de estas dos fuertes constelaciones, el segmento de estudiantes de leyes, abogados, jueces, fiscales y notarios se rigen por la fuerza normativa de las mentalidades colectivas conservadoras que en su praxis cotidiana combinan los códigos formales (legal-racional) con los códigos informales (costumbres-valores).

Aquí se vuelve útil la preocupación hecha por el filósofo H.C.F. Mansilla en su ensayo El carácter conservador de la nación boliviana (2da. edición, Editorial El País, 2010). El autor sostiene que el vocablo conservador implica “lo rutinario y convencional” de cada sociedad. La vigencia de las costumbres tiende a trascender a través del tiempo y no se las pone en cuestionamiento. Mansilla asevera que las prácticas consuetudinarias tienen vigencia a partir de ellas mismas, no requieren alegatos que justifiquen su eficacia y tampoco se las somete a una crítica racional.

Partiendo de esta premisa se puede tal vez entender el carácter conservador del gremio de abogados. Los estudiantes de derecho, los jurisconsultos, los jueces y fiscales aprenden dos códigos paralelos que rigen su conducta en los juzgados. Por un lado, en aulas desde primer año de la carrera de Derecho los profesores inculcan a sus alumnos circunstanciales el deber ser, la justicia social, la igualdad y la equidad. Además de estos principios de carácter universal, los sacrificados estudiantes tienen que aprender –algunos memorísticamente– las materias llamadas “troncales” como el derecho civil, penal, administrativo, constitucional, familia, entre otras. Esta es la parte formal-racional que todo estudiante de derecho tiene que asimilar y aprobar para titularse como licenciado en derecho.

Pero llama la atención que estos alumnos que aprueban el Plan de Estudios de la carrera de Derecho, los abogados, los jueces y fiscales tienen además que aprender en el ejercicio de su profesión los códigos informales. Los llamados códigos informales son de carácter consuetudinario; no hay una regla general para estas costumbres veladas a la racionalidad; son gelatinosos en su aplicación y comprensión; su eficacia varía según quien las sepa aplicar; su validez es prerracional pero obvia; la fuerza normativa de estos códigos informales tiene fuerza de ley no escrita; goza de aceptación en distintos sectores de la población boliviana. Por ejemplo el “aceitar” a quien y cuando para agilizar o retardar es una cualidad de los códigos informales.

La mentalidad colectiva que litiga tiende a creer que el abogado que sepa manejar los códigos formales y con preferencia los códigos informales le es deparado el éxito inmediato. Pero el jurista que se rige por la racionalidad-legal tiende al fracaso. En Bolivia curiosamente se tiende a sobreestimar a la astucia, al dobleteador y al chicanero. Esto que parece ser una regla general fue puesto en entredicho por mi colega. Ella me enfatizó que es un sector que ejercita militantemente los códigos informales, pero la otra parte de juristas se rige por los principios éticos inculcados por su socialización primaria y por nuestra alma mater. Esto me hizo reflexionar. Es cierto que al tratar de englobar a los abogados como si formaran un grupo homogéneo uno tiende a equivocarse. No es una regla general que todos los juristas se rijan estrictamente por los códigos informales, sino también hay estudiantes, jueces, y fiscales que se rigen en su praxis cotidiana por principios éticos racionales. Entonces los códigos informales pueden ser transitorios y pasajeros a un futuro largo. Finalizamos nuestra pequeña reunión con esta pregunta de mi interlocutora: ¿Será que el hombre está determinado por la sociedad o qué circunstancias concretas le imponen una gama de posibles reacciones?

*Abogado

Acerca del autor:
Freddy-Zarate-
Freddy Zárate
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día