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La necesidad de recursos naturales
Miércoles,  21 de Agosto, 2013

La prensa internacional destacó, a partir de 2007, la determinación del presidente ecuatoriano, Rafael  Correa, de mantener indefinidamente inexplotadas las reservas de 846 millones de barriles de petróleo en el campo ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini), equivalentes al 20% de las reservas del país, localizadas en el Parque Nacional Yasuní en la Amazonia ecuatoriana.

“A cambio -dice el portal del denominado proyecto Yasuni ITT-, el Presidente propuso que la comunidad internacional contribuya financieramente con al menos 3.600 millones de dólares, equivalentes al 50% de los recursos que percibiría el Estado en caso de optar por la explotación petrolera”. Los reportes de prensa dieron la impresión de haber descubierto la pólvora y el tema se convirtió en referencia obligada en materia de cuidado de la biodiversidad y el medio ambiente.

La postura de Correa fue asumida como algo fuera de lo común y terminó moviendo la sensibilidad de los medioambientalistas de todo el mundo; por supuesto que en América Latina se ponderó aún más la decisión presidencial que suponía, además, la creación de un fondo de capital administrado por el PNUD, con la participación del Estado, la sociedad civil ecuatoriana y representantes de los contribuyentes.

Asimismo, se informó que esta iniciativa estaba dirigida a evitar la emisión de 407 millones de toneladas de CO2, el principal gas que provoca el cambio climático. Se aclaró que: "Esta reducción es mayor a las emisiones anuales de países como Brasil o Francia”. Al calor de estas argumentaciones, América Latina quedó con la sensación de que las élites gobernantes estaban comenzando a tomar conciencia sobre la depredación “inclemente y sostenida” a la que se había sometido diariamente al planeta.

Se dijo a la prensa mundial que la iniciativa Yasuni surgía ante la necesidad imperiosa de  “conservar la biodiversidad y respetar un espacio mínimo de vida para los pueblos en aislamiento voluntario”, y, claro, hubo una especie de júbilo.

De pronto, la desazón: el pasado jueves 15 de agosto el presidente Correa abordó los medios para informar que había cambiado de opinión: “Con profunda tristeza -dijo-, pero con absoluta responsabilidad, he tenido que tomar una de las decisiones más difíciles de todo mi gobierno... Necesitamos de los recursos naturales para superar la pobreza y el desarrollo soberano; el mayor atentado a los Derechos Humanos es la miseria... Esta decisión nos desilusiona a todos, pero la historia nos juzgará”.

¿La necesidad de recursos naturales será de hoy en adelante la madre de todas las batallas? ¿No lo fue siempre? El problema no parece haber cambiado, pese a los vientos de cambio. Lo que sí puede cambiar, de manera irreversible y dramática, es la tierra, pero ese no parece ser un tema que preocupe a los líderes entusiastas en depredar todo lo que hay y todo lo que queda, en nombre del desarrollo de los pueblos. En esta línea, sin duda que la tierra parece ser, como alguien lo dijo alguna vez: “una inmensa bola de fuego camino a su propia autodestrucción”.

Los discursos de eficiencia energética probablemente también terminen, en algún momento, en una nueva desilusión ante el avance irrefrenable del hombre por más y renovados recursos naturales para solventar un proyecto de desarrollo y modernidad que, pese a todos los esfuerzos extractivistas, no ha dejado de ser inconcluso y excluyente. ¿Una duda? Más parece una certeza, rara, en un mundo postmoderno.

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Vesna-Marinkovic-U.-
Vesna Marinkovic U.
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