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Santa Cruz
Pisando callos
Suicidios políticos
Miércoles,  17 de Junio, 2015

A un cuarto de siglo del derrumbe del Muro de Berlín (1989), y el colapso de la URSS (1991), la izquierda sigue viva en América latina, EEUU y gran parte del mundo, incluso en posición de dominio.

¿Por qué? Simple: porque la derecha ha cometido suicidio político. Una fuerza política puede suicidarse de varias formas, y la derecha escogió el “igualismo”, que en inglés llaman “me-tooism” (me too: igual yo). En Mercadeo es cuando se lanza una oferta igual o muy similar a la del competidor. Una gruesa equivocación: el arte mercadotécnico es distinguirse, no es igualarse; porque si hay originales, nadie quiere copias.

Negar vigencia e incluso validez al espectro izquierda-derecha es un error, más aún: es un fraude, parte de la gran estafa de la izquierda. Porque son las categorías básicas y universales en la política, así como norte y sur, varón y mujer, capitalismo y socialismo, positivo y negativo. Derecha e izquierda se oponen en sus “promesas básicas”, porque derivan de visiones contrarias de la sociedad humana. ¿Cuáles? Abraham Kuyper (1837-1920), teólogo calvinista que fue Primer Ministro en Holanda, lo puso así:

(1) La derecha defiende el orden social descentralizado: la familia, la economía, la educación, la ciencia, arte, cultura y religión son “esferas separadas” del Estado. Y el Gobierno solamente garantiza seguridad, justicia y obras de infraestructura, con impuestos moderados y a iguales tasas; no se “enseñorea” sobre las instituciones propias de cada esfera, “soberanas” cada cual en la suya. Pero hay una derecha mala: el mercantilismo o capitalismo “de amigotes”; y una derecha liberal, que es la derecha buena.

(2) La izquierda tiene su Plan de Reforma de la sociedad entera, no limitado a “redistribuir la riqueza” en el orden económico, como lo pone el social-comunismo; ese es solo el cebo para codiciosos incautos, y es la parte visible del iceberg. Su Programa incluye abolir propiedad privada, la familia, la religión y el Estado (al menos como le conocemos); y para ello requiere la subversión del orden, y la esclavitud de todas las esferas al reino político, y al Gobierno centralizado, dando a la sociedad un giro radical y “total” (es decir: totalitario), un “cambio según diseño”, que llama “Revolución”. Y hay una izquierda mala: el socialismo dicho “democrático”; y una izquierda peor: el nazicomunismo.

(El dicho “anarco-capitalismo” rechaza la partición en derecha e izquierda porque es una mezcla de capitalismo con marxismo cultural, y como todo híbrido es inestable, inviable, estéril e inclasificable.)

Contra el propósito (o despropósito) de la izquierda, Kuyper fundó a fines del s. XIX un partido, de derecha obviamente, que llamó “Contra-Revolucionario”. Ganó su primera elección en 1901, y luego casi todas, hasta que se puso imitar a los socialistas en sus promesas, y desapareció. Sucedió igual en otros países europeos. Y en EEUU: desde 1968 hasta ahora, de once comicios a Presidente el P. Republicano lleva ganados siete con ofertas de derecha claras, y perdido cuatro con posturas “igualistas”, en 1976, 1992, 1996 y 2008. Pauta que se repite en elecciones nacionales de medio término y locales.

¿Por qué? Fácil: porque en todas partes siempre hay: (1) la “minoría ruidosa”, que vota por las izquierdas; (2) la “mayoría silenciosa”, o laboriosa, de familia y de empresa, que vota por las derechas, cuando las hay, si sus ofertas son liberales y atractivas. (3) Los despistados: no tienen ni pista de dónde están parados.

¿Y en nuestra América? La derecha fracasa porque lleva candidatos mercantilistas, incompetentes y personalistas, con ofertas igualistas. En muchos países se mató y desapareció, y ahora la rivalidad es entre izquierdas duras y blandas, y casi siempre ganan las duras, como es lógico si no hay desafío a la matriz de opinión dominante, en contra del capitalismo y en pro del socialismo.

¿Hay espacio para la derecha liberal en Latam? Mucho: la clase media independiente, o sea técnicos y profesionales que no comen del Gobierno. Y la burguesía informal, o sea los privados clandestinos (“en negro”). Y mucha gente dependiente del Gobierno, pero cuya posición sería harto mejor tras las Cinco Reformas, que por cierto no son patrimonio exclusivo de los liberales: a veces las postulan expertos no liberales, aunque intelectualmente honestos, del FMI y el Banco Mundial, si bien título individual, con el nombre de “reformas micro” o “de segunda generación”.

Pero tropezamos con el suicidio político y económico de esa clase media y burguesía incipiente, que vota por las izquierdas y después hace agotadores protestas “de calle”, inútiles 100% porque son “directismo”; o sea sueños de una democracia “directa” ideal, no real. El socialismo ideal es una utopía en la economía, y el “directismo” lo es en la política, dicen autores no liberales pero inteligentes y eruditos (como Giovanni Sartori), la cual sirve a los fines de la izquierda, por eso la promueve. La mayoría silenciosa se ocupa de su hogar y de su trabajo, y no tiene tiempo para actividad política, ni para investigar en las ciencias políticas; por eso debe confiar en sus representantes legítimos, y en la democracia “indirecta” o representativa, que es su garantía de independencia, y de supervivencia.

Ha sido víctima de los veteranos profesionales del socialismo y sus engaños: la partidofobia y la antipolítica. Embiste ciega contra la representación política, porque los mercachifles de la politiquería, y los charlatanes de los medios, le dicen que los IPhones, el Twitter y el Facebook, y las marchas “indignadas”, sustituyen a la democracia representativa de partidos.

Ilusiones; pero trágicas, porque llevan al suicidio.

Acerca del autor:
Alberto--Mansueti--
Alberto Mansueti
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