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Santa Cruz
Editorial
Alcoholismo: A romper el tabú
Miércoles,  12 de Junio, 2013

El alcoholismo es un tema tabú en Bolivia del que se habla mucho, pero nadie se atreve a atacar con fuerza y determinación, porque toca a la política, a la religión, al estilo de vida de la gente y al interior de las familias, las empresas y la sociedad, tanto rural como urbana.

Se lo aborda justo ahora que ha pasado la tradicional fiesta del Gran Poder, que suele dejar un reguero de individuos intoxicados, tal como suele suceder en Carnaval o en las famosas festividades universitarias que reivindican el folklore y las creencias populares, pero sobre todo, el consumo de bebidas como centro y razón de ser.

Ahora nos quejamos de la violencia, de la criminalidad y otras secuelas que nos deja el hecho ser campeones latinoamericanos del consumo de alcohol, tal como lo reflejan las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que ubican a Bolivia como el país donde el abuso de la bebida supera en un 50 por ciento al promedio continental.

Las estadísticas son señaladas por el ministro de Gobierno, Carlos Romero, al momento de anunciar la puesta en marcha de una nueva instancia burocrática para luchar contra el maltrato familiar, problema que también coloca al país en un sitial vergonzoso a nivel internacional y cuyo origen se encuentra principalmente en el abuso del alcohol.

Más funcionarios, más gasto, más trámite y papeleo, para atacar un asunto que ha sido debidamente reglamentado hace justamente un año con la aprobación de la Ley de Control y Expendio de Bebidas Alcohólicas, norma que no se aplica, que no funciona y que, obviamente no ha incidido en lo más mínimo para combatir los excesos.

¿Dónde está la autoridad municipal? ¿Dónde están tantas ordenanzas y leyes que se han aprobado para que las ciudades no sean cantinas abiertas las 24 horas del día, donde cualquier ciudadano, sin importar la edad o la condición, puede conseguir bebida, en la cantidad que desee y sin importar el horario. ¿Qué se hace para reglamentar los auspicios de las fiestas que supuestamente son religiosas o deportivas, la propaganda que nos bombardea a toda hora, la apertura de locales sin discriminación de la zona o las condiciones?

El alcoholismo no sólo tiene que ver con la violencia doméstica, también es responsable de la baja productividad en las empresas, de los accidentes de tránsito, de la delincuencia juvenil, de muchos problemas de salubridad y por supuesto, también se traduce en mayor pobreza y marginalidad, porque un borracho siempre optará por comprar bebida antes que educar y atender a sus hijos.

Los políticos no se atreven a tomar el toro por las astas porque saben que al ponernos serios en ese asunto se puede acabar el “pan y circo” imperante, se entorpece el juego de la politiquería barata que tiene al alcohol como su principal aliado. En esta juerga plurinacional muchos están convencidos que el bailongo, el trago y la coca forman parte de una cultura que hay que incentivar por razones de identidad y de reivindicación de ciertos valores muy torcidos que conviene erradicar o cuando menos desmenuzar para no confundir y separar la paja del trigo.

Mientras no se hable con sinceridad de este tema y se actúe sin temor a tocar los intereses creados que se mueven alrededor del problema, es poco lo que se va a conseguir para derrotar al alcoholismo y por el contrario, este fenómeno seguirá creciendo y generando más dificultades a la sociedad, en el que constituye un enorme factor de atraso y debilidad.

El alcoholismo no sólo tiene que ver con la violencia doméstica, también se traduce en mayor pobreza y marginalidad, un borracho siempre optará por comprar bebida antes que educar y atender a sus hijos.

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