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Internacional
Editorial
Ley Educativa: luces y sombras
Lunes,  14  de Enero, 2019
Ley-Educativa:--luces-y-sombras

El Ministerio de Educación ha dispuesto, según el parágrafo III del artículo ochenta y siete de su reciente Resolución Ministerial del primero de enero de este año, el incremento de la carga horaria a dos horas semanales en las materias de Física y Química para los dos últimos cursos del ciclo medio a partir de esta gestión.  Lo que debería ser motivo de satisfacción por el incremento de horas en asignaturas de suyas importantes para la preparación de los estudiantes con vistas a la educación superior, ha sido más bien el detonante para que un sector del magisterio se pronuncie en contra no solo de tal disposición, sino de los propósitos de la ley “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”.
 
Las duras manifestaciones del magisterio nacional apuntan a una sola conclusión: La Ley de Educación promulgada hace ocho años en el país ha fracasado. Sobre la base de estas críticas, diputados de la oposición han decidido convocar al Ministro de Educación para que presente un informe oral sobre los alcances de la norma en cuestión. Es decir, que el dignatario explique lo bueno y lo malo de una -en su momento- promisoria normativa lanzada para mejorar la calidad de la educación en el país. No obstante, conviene recordar que la vigente Ley de Educación ha sido cuestionada desde un principio por el magisterio tanto por su contenido ideológico como por su aplicabilidad.
 
Sin responder todavía a las críticas, el titular del ramo ha manifestado hace poco en Cochabamba que la gestión del presidente Evo Morales debe ser parte de los contenidos curriculares de la historia boliviana. Este anuncio ha provocado airadas reacciones por relacionarlo con intentos de proselitismo electoral por parte del Gobierno. Sin embargo, una de las puntuales observaciones del magisterio a la Ley Educativa ha sido justamente la malla curricular, la que ha sido señalada como incoherente, contradictoria y alejada de los propósitos que dice alcanzar la norma. La introducción de asignaturas relacionadas con la nueva ideología y su carga horaria ha dado lugar a improvisaciones.
 
En su momento los maestros se han quejado de una carga horaria impuesta y la obligación de impartir asignaturas nuevas para las cuales no estaban preparados. Las repercusiones se han traducido en desorientación y resistencia. El asunto alcanzó cotas preocupantes ante los continuos cambios. Sin duda, todo indica que por ello el magisterio no se ha empoderado de las metas propuestas por la Ley Educativa. Por el contrario, no se ha sentido incluido como sector participante y ha retaceado su concurso cuando se lo ha requerido. Todavía más, se ha señalado que el contenido posmodernista de la Ley no condice con el ambicioso objetivo de la “descolonización” de la educación.
 
Se espera que el requerido informe ministerial sobre la educación boliviana a lo largo de los últimos ocho años arroje luces al asunto y despeje las sombras que impiden su avance hacia las metas primigenias. Es posible que exista autocrítica sana, que sería deseable, especialmente si lo que está en juego es la calidad de la educación en el país y la proyección de la misma para el futuro de las generaciones actuales y venideras. Afirmar que existe fracaso quizás sea un extremo, pero ello no debe ser óbice para intentar convergencia de objetivos entre educadores y administradores de la educación boliviana para alcanzar el nivel de calidad que el país requiere para crecer y desarrollar.

La controversia sobre la Ley Educativa boliviana no debe ser óbice para intentar convergencia de objetivos entre educadores y administradores para lograr el nivel de calidad que el país requiere para crecer y desarrollar.