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Portafolio
De pobres a ricos delincuentes
¿Es o no es verdad?
Miércoles,  16 de Junio, 2010

José Gramunt de Moragas • S.J. - A raíz de los graves sucesos ocurridos en Norpotosí, en donde unos campesinos torturaron y asesinaron a cuatro policías sospechosos de robarles automóviles ilegales, intentaré formular algunas hipótesis sobre cómo, de unos pueblos miserables se pasa a la organización de una red delictiva. Sé que mi intento es una simplificación que, sin duda, tendrá contradictores. Bienvenidos. El enunciado de mi tesis se formula como sigue: de la miseria a la delincuencia pasando por la política. Esta es una perversa secuencia que parte de la pobreza milenaria, ingresa en la política como camino idealista de liberación, y desemboca en  la delincuencia hasta ahora impune.
Estado de la cuestión. Se trata de una zona del país muy pobre desde hace siglos, y sus habitantes muy combativos. Malviven de la agricultura más primitiva, de una ganadería famélica y de algunas artesanías. Muchos jóvenes emigran en busca de una mejor vida. Los sucesivos gobiernos centrales no se ocuparon de esas míseras tierras porque el número de votantes era muy escaso. Apenas hay presencia del Estado nacional. La organización política local autóctona es precolonial.
Fase intermedia. Algunos campesinos más disconformes descubren que la política promete cambiar el panorama económico-social: construirá caminos, instalará los servicios básicos indispensables, construirá hospitales y escuelas, dotará la zona de energía eléctrica, teléfono y ¡televisión! Pasaron los años y la zona cambió muy poco. Es pues el tiempo de ingresar en la amplia red de influencias y buenos negocios que proporciona la política. De las promesas de los políticos tan sólo se cumplieron unas pocas, pero que dejaron ganancias extras (ilegales) a los dirigentes más espabilados. Entonces, el ciclo empezó a resultar modestamente rentable para una minoría astuta local. El resto de aquella gente sigue malviviendo en la pobreza. Paralelamente, la nueva legislación plurinacional, socialista comunitaria ha ensalzado la autonomía de las “naciones” originarias y el poder de sus caciques. Las competencias de ambos no están claras. La versión local de la administración de la justicia es tan autónoma y “humanitaria” como lo que sigue: “Aquí hacemos la Ley. El que la hace la paga. ¡Y aquí no entra nadie!
Apoteosis delictiva. Así, como por sorpresa, aparecen dos nuevos factores para salir de la pobreza sin demasiado esfuerzo: el contrabando de vehículos y la droga. La frontera está cerca, inmensa, desguarnecida, fácilmente permeable y corruptible. Aparecen los clanes. Ésta es la gran oportunidad de los más vivos del lugar, amparados por las influencias “de arriba” que se han forjado entre encuentros políticos y discursos revolucionarios.
Este proceso es aplicable a otras capas de la sociedad que salieron de pobres gracias a las canonjías que otorga la política a sus fieles servidores. Algunos más inescrupulosos, audaces e influyentes, se graduaron en el pingüe oficio de la adquisición de bienes para las empresas del Estado. Otros, entraron “a saco” en las entidades oficiales y salieron con las bolsas rebosantes.  Se va repitiendo la fatalidad que acuñó el príncipe de Lampedusa en su famosa novela y después película, El gato pardo: “Hay que cambiarlo todo para que nada cambie”.

autor : José-Gramunt-de-Moragas-•-S.J.
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