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Tribuna
Espera dinámica no pasiva
Domingo,  6  de Diciembre, 2015

Ya estamos en el segundo domingo de adviento. Este tiempo es una ocasión propicia para vivir la esperanza. El domingo pasado les invitaba a seguir adelante. Hoy se nos llama a seguir esperando al Señor que volverá, lleno de gloria y esplendor, al final de los tiempos. La vida del creyente cristiano es un continuo adviento, una constante espera del Señor que volverá, pero esta espera debe ser dinámica, no pasiva.

Seguiremos en esta semana mirando al futuro. Por ello, la mirada al futuro no debe estar sola en esta Navidad que celebraremos el día 25 de diciembre. La segunda vela o cirio que encendemos hoy en la corona del adviento, nos ayuda a mirar con entusiasmo e ilusión, el itinerario hacia la patria definitiva, el cielo.

En adviento hay tres grandes personajes: María Inmaculada, Juan el Bautista y el profeta Isaías. Al profeta Isaías lo escuchamos durante los días entre las semanas del adviento. Qué bien nos haría meditar en estos días de adviento las lecturas diarias. El evangelio de hoy nos presenta la figura de Juan el Bautista, el Precursor del Señor Jesús.

El martes, la Iglesia, en todo el mundo, celebra el misterio de María, al ser concebida sin el pecado original. Celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción. Bajo esta advocación es patrona de la Arquidiócesis de Sucre. Esta fiesta de María se celebra cada año en el ambiente litúrgico del adviento. Esta fiesta no quita nada al espíritu que debe acompañarnos a todos en la preparación de la Navidad. Se convierte así, el adviento, en un tiempo mariano, el cual nos ayuda a prepararnos con María a recibir a Jesús más profundamente en nuestros corazones.

Hoy comienza en el mundo el Jubileo Extraordinario de la Misericordia que está muy relacionado con María, "Madre de misericordia". Ella fue concebida sin pecado, ella permaneció toda su vida sin el pecado personal. Lo que celebramos el 8 de diciembre, es que Dios preservó a María del pecado original y así la hizo morada digna del Hijo de Dios. Dios preparó a su Madre, librándole del pecado de origen, la llenó de su gracia.

El papa Francisco ha escogido esta fecha del 8 de diciembre para inaugurar el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, por un lado, para recordar los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II y, por otro lado, para recordar a los cristianos, que María sin pecado, es el modelo, la figura y el prototipo de toda la Iglesia. María nos invita a rechazar el pecado, a vivir cada día en la gracia divina. Nos recuerda el Papa que, "ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona". Dios llenó a María de la gracia de su misericordia haciéndola inmaculada. Para vivir el Jubileo debemos acogernos a la misericordia de Dios, quien solamente puede liberarnos de toda clase de pecado.

El Año Jubilar de la Misericordia nos convoca a despojarnos del egoísmo y dejarnos amar por Dios, "clemente y rico en misericordia". El papa San Juan XXIII decía al abrir el Concilio Vaticano II: "en nuestro tiempo, la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad". Hay que tener en cuenta que Dios,    "paciente y misericordioso", no llegará a nosotros, si no abrimos la puerta de nuestro corazón al arrepentimiento y hacemos el propósito de la enmienda, o sea, la decisión de no volver a pecar más. Todos somos pecadores, por ello, todos estamos necesitados de la misericordia divina y también de la humana. La misericordia divina pasa por el sacramento de la penitencia o reconciliación. El Papa pide a los obispos, en la Bula de convocatoria al Jubileo, que sean solícitos para atender en sus diócesis con un buen servicio de sacerdotes para que todos puedan fácilmente acercarse al confesionario y vivir la alegría del perdón.

La fiesta de la Inmaculada Concepción nos recuerda cómo María supo decir "SÍ" a Dios, a su plan de salvación de la humanidad. El adviento y el Año Jubilar es un tiempo para decir nuevamente sí a Dios. Qué lindo que todos los cristianos nos acercáramos en esta preparación a la Navidad al sacramento del perdón. En este sacramento podemos decir sí a Dios y un fuerte y rotundo no al pecado.

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Jesus Perez
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