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Editorial
La escasez de cemento
Viernes,  1  de Febrero, 2013

El Gobierno se queja constantemente de los mil millones de dólares que le cuesta al país el subsidio a los combustibles, pero menciona muy poco otro tipo de subvenciones que podrían fácilmente ser eliminadas o cuando menos reducidas al mínimo, si es que se aplicara en serio una política productiva alejada de los experimentos “socialistoides” que no hacen más que encerrar al país en una burbuja que tarde o temprano va a explotar con muy graves consecuencias.

El precio del pollo es subvencionado, porque el Gobierno compra a 70 bolivianos el quintal de maíz que le vende a 40 bolivianos a los granjeros; lo mismo sucede con los panaderos que gozan de un precio preferencial en la harina importada, mientras el programa de impulso al cultivo de trigo duerme el sueño de los justos. El 2011, el Estado realizó absurdas importaciones de azúcar vía aérea desde Colombia porque sus restricciones a la producción nacional provocaron un tremendo agujero en el abastecimiento que le costó muy caro al país.

El caso del cemento también es patético. Todos estos años, ante el auge de la construcción, que ha estado creciendo a un ritmo del 12 por ciento anual, el Estado y las empresas productoras se han visto obligadas a importar cemento desde Perú e incluso desde Turquía, para satisfacer la demanda. La empresa estatal Insumos Bolivia, que tiene a su cargo cubrir todos los desbalances productivos, reales y creados por el Gobierno, acaba de informar que este año prevé duplicar la importación de cemento peruano Yura, con un total de 59  mil toneladas.

Mientras esto ocurre, en la zona de Yacuses, a 60 kilómetros de la frontera con Brasil, está en marcha la construcción de una nueva fábrica de cemento con capacidad para producir 600 mil toneladas adicionales, sin embargo, el proyecto camina en la incertidumbre, porque YPFB no le asegurado la provisión de 260 mil metros cúbicos diarios de gas, un diez por ciento de lo que le solicitaba la Jindal y un 0,7 por ciento de la capacidad de exportación a Brasil. Pese a todo, el consorcio, que actualmente importa de Brasil el Klinker necesario para producir cemento, ha invertido ya cuatro millones de dólares con la esperanza en que se cumpla la promesa de industrialización del gas, y en este caso, se convierta en cemento y en empleos.

En este momento la capacidad instalada para producir cemento en Bolivia no satisface la demanda, lo que obliga a cubrir con importación el 4,5 por ciento de déficit, pese a que en Yacuses existe una reserva de piedra caliza con potencial indefinido. La escasez de cemento obliga al Estado a construir todas sus carreteras con asfalto importado, lo que agrava aún más la fuga de divisas.

Además del proyecto ya mencionado se ha dado el interés de otras empresas para instalar fábricas en el lugar, pero el problema central es la energía, pues el Estado Plurinacional prioriza la exportación de gas por encima de las necesidades internas, contraviniendo de forma flagrante la Constitución Política del Estado.

Para satisfacer plenamente la demanda de cemento y si el crecimiento de la construcción sigue como hasta ahora, el país necesita construir por lo menos una fábrica cada tres años, pero el tropiezo sigue siendo el abastecimiento energético en un país que se precia de ser el centro de exportación gasífero del Cono Sur.

Para satisfacer plenamente la demanda de cemento y si el crecimiento de la construcción sigue como hasta ahora, el país necesita construir por lo menos una fábrica cada tres años, pero el tropiezo sigue siendo el abastecimiento energético en un país que se precia de ser el centro de exportación gasífero del Cono Sur.

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