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Viernes
 24 de Mayo de 2019
Encuentro
En torno a la lectura
Jueves,  21 de Marzo, 2019
En-torno-a-la-lectura

Agradezco la invitación de Roxana Jiménez para usar este espacio del diario El Día y dejar escritas unas palabras que, inicialmente, fueron motivadas por el acto de presentación pública en el Museo de Historia de la Universidad Autónoma “Gabriel René Moreno” de la tesis de maestría de Claudia Vaca titulada El ethos lector en Santa Cruz de la Sierra: lectura e identidad en la ciudad contrapeso de Bolivia, contrapuntos con Latinoamérica que defendió en la Universidad “Alberto Hurtado” de Santiago de Chile; la nombrada propuesta académica hace un recorrido sobre la lectura y su evolución o desarrollo en Santa Cruz de la Sierra y se espera que la misma sirva de base para la elaboración de una política pública o un acuerdo entre la ciudadanía y las instancias gubernamentales (de los tres niveles) sobre este asunto.

Lo acá escrito no compromete para nada la posición del municipio en relación con la lectura, el libro y las bibliotecas aunque para mí es difícil separar el funcionario que me habita y lo que personalísimamente pienso sobre este escurridizo y cambiante asunto de la lectura, sus soportes y consumo. Dicho esto el “desocupado lector” encontrará palabras que nada tienen que ver con mi condición de “gris municipal” (no lo digo para sacar la nalga de la jeringa) y sí algunas que hacen al recorrido y acompañamiento de lo que ha venido sucediendo en estos últimos años en referencia a la lectura en Santa Cruz de la Sierra

Lectura. Mi opinión sobre la lectura la expuse el año pasado en un par de oportunidades (con estudiantes de Filología en la UAGRM y en el Ciclo sobre autores del “ColeSierra, a invitación de María Pía Franco y Pablo Carbone respectivamente) y, creo, bien vale reiterar para compartir –no necesariamente coincidir- en este espacio de El Día y sus lectores y se haga un hábito el palabrerío sobre este tópico.

Los cambios que se están dando a nivel de la tecnología han afectado el consumo cultural y la lectura no podía estar ajena a esa coyuntura.

Yo no sé cuántos de ustedes han conocido las grabaciones de casetes, inexistentes ahora en el mercado a no ser como rarezas, de estos pasamos al walkman para escuchar música en CD, creo que hubo o hay otro dispositivo para almacenar y oír. En los tiempos actuales la forma de acceder a música es en plataformas como Spotify o Deezer que son las que conozco, en relación al cine o los audiovisuales está Netflix. En mi experiencia yo solamente veo cine en salas de cine, valga la redundancia. En cuanto a series soy un verdadero paria serial (la última que vi se titula Luz de luna con una bellísima Cibyll Sheperd y un joven Bruce Willis, que además lo hacía a “escondidas” de los amigos. Tiempo después descubrí que todos la veíamos pero no queríamos “reconocer esa debilidad”).  

Volvamos a lo nuestro para indicar que la lectura no es natural, lo natural es el lenguaje oral. La lectura es una práctica cultural, por tanto a leer se aprende y todo proceso de aprendizaje tiene sus dificultades.

Suele ocurrir muy a menudo que analizamos a los lectores desde la perspectiva de una persona que ya es lectora y extrapola sus hábitos y sus prácticas con quienes no lo comparten. Nos olvidamos mencionar o pensar en las condiciones que inicialmente permitieron en que nos convirtiéramos en lectores. Para que ello suceda deben concurrir una serie de condiciones que lo hagan posible e, incluso, deseable. Leer o ser un aventajado lector no me convierte, porque sí, en mejor ser humano o en alguien exitoso. 

Voy a poner un ejemplo, tal vez torpe, todos sabemos que Johnny Fernández no es un virtuoso lector; sin embargo, posee una fortuna que sí sería deseable para muchas personas y si lo comparan con este escribiente tendrán que replantearse la definición de éxito. 

Desde mi particular visión cuando me refiero a la promoción y fomento de la lectura nos es solamente por el deleite de repetir: “Voy por tu cuerpo como por el mundo / tu vientre es una plaza soleada” o “Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.”, sino para que la ciudadanía esté bien informada e ilustrada y pueda enfrentar los retos diarios de la vida en un mundo cada vez más complejo. Que sepa leer una bula de un medicamento o sea capaz de preparar un suero casero para combatir la diarrea con lo cual, amén de intervenir prontamente en el caso, contribuirá a un ahorro en la sanidad pública; que tenga las herramientas para poder decidir por sí mismo qué programa político o qué candidato votar, que sea capaz de analizar y tomar decisiones autónomas, que sea crítico. Todo ello debe ser entendido como el ejercicio de un derecho y no como la concesión bondadosa del gobernante de turno, acá me adhiero a la obligatoriedad que nos corresponde como funcionarios públicos de hacer cuanto esté a nuestro alcance (o más) para posibilitar el acceso a la información y el conocimiento. 

conclusión. Al ir cerrando este breve abordaje al tema de la lectura y la pretensión de construir una sociedad lectora, pienso que tal quehacer no es exclusiva de las bibliotecas (si bien éstas tienen su razón de ser en tal aspecto) sino del conjunto del conglomerado humano que habita un determinado territorio, para el caso la ciudad que nos alberga. De ahí también las tensiones y contradicciones que, con seguridad, están latentes en esta ciudad que crece y crece (más allá de los límites que a algunos nos gustaría). En 1989 los editores del libro Los cruceños y la cultura y se planteaban la siguiente interrogante: “Debemos preguntarnos, ¿cuál puede ser la cultura urbana de un pueblo que en 30 años pasa de pocas decenas de miles de habitantes a una ciudad de medio millón? Evidentemente las fuerzas que han plasmado ese gigantesco proceso son las que están definiendo esa cultura, que recién se comienza a vislumbrar.” Y ahora este 2019 (treinta años después) con una ciudad por sobre los dos millones de habitantes las cuestiones son más peliagudas aún, si gustan: tarea para la casa.

Finalmente quiero dejarlos con unas palabras del poeta Igor Quiroga, quien fuera animador de la lectura en la Biblioteca de “Portales” en Cochabamba, pronunciadas el año 1984, y en parte señalan lo que sigue: “Al enunciar esto no hago sino pensar en esas personas, en esos estudiantes, en esa gente que a diario se me acerca a preguntarme por algún libro. Yo percibo su vacilación, su vergüenza por parecer ignorantes ante un objeto (el libro) que les es ajeno a su práctica cotidiana, a su vivir. Creo honestamente que es en ellos en los que hay que pensar, en los seres humanos concretos, de carne y hueso; y no crean que me olvido de esas otras personas que no vienen a la biblioteca, que me olvido de los que no saben leer, de los que queriendo no pueden, de los que sabiendo no les interesa, de los que no pueden frecuentar un edificio en horas de atención porque están trabajando. (…) Disculpen que use este lenguaje pero me parece que no debe esta reunión aparentar el cauce sereno de un río sino la contradictoria naturaleza del fuego.” 

La tradición lectora sigue viva, aunque no salga en la televisión una noticia como: Ayer, un estudiante leyó la Apología de Sócrates y se sintió más libre.” (Gabriel ZAID)

William Rojas Mojica Bibliotecólogo valeriasandi91@gmail.com
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