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Dulce espera
Domingo,  13  de Noviembre, 2016

Termina el año litúrgico. El próximo domingo finaliza el año litúrgico con la fiesta de Cristo Rey. La Palabra de Dios, domingo tras domingo, nos va poniendo en el camino que nos lleva a nuestro destino final. Cuando vivimos con gozo el día del Señor, o sea el domingo, nos preparamos para el encuentro con el rostro amoroso y lleno de gloria del Padre, que nos tiene preparado un lugar en el cielo. La Palabra de hoy, como la del domingo pasado, nos invita a responder a unas inevitables preguntas: ¿A dónde vamos por este camino que llevamos? ¿Cuándo y cómo terminará esta historia? ¿Tendrá un final feliz esta historia nuestra?
El profeta Malaquías de quien está tomada la primera lectura quiere animar a los judíos que, se sentían defraudados, a la vuelta del destierro, porque no conseguían la reconstrucción de pueblo. Les invita a mirar hacia adelante, hacia el “Día del Señor”. Ese día pondrá de manifiesto la justicia de Dios. Es bueno mirar siempre hacia adelante. Contribuye a animarnos en la lucha diaria. Nos viene a decir el profeta que será un día de esterilidad para los que no han trabajado, y de gozo y felicidad para todo el que se ha esforzado en seguir al Señor en fidelidad. Asimismo, el apóstol Pablo se encara con algunos de la comunidad de Tesalónica que se desentendía del trabajo diario, viviendo en una total ociosidad. Pablo es bien tajante: “el que no trabaja que no coma”.

Jesús, ante el maravilloso espectáculo de la ciudad y del templo de Jerusalén, exclama: “llegará un día en que no quede piedra sobre piedra”. Pero a continuación les advierte de otros acontecimientos futuros, para que no se dejen engañar, diciendo: “yo soy” o “el momento está cerca”, también habla de guerras, epidemias, terremotos, espantos, signos en el cielo, persecuciones... No obstante esto, en todos los siglos, siempre han habido personas y grupos religiosos que han estado señalando muy cercana la vuelta del Señor, y se han atrevido a señalar días concretos. Estamos invitados a vivir con la mirada al futuro, pero viviendo la vida en plenitud, sabiendo hacia dónde vamos, y con sentido de peregrinos en la “dulce espera” de la vuelta del Señor Jesús que nos ama entrañablemente.

Siguiendo el consejo de los grandes maestros de la vida espiritual, estamos llamados a vivir el “ya” y el “aún no”. Hay que buscar el combinar bien el trabajo serio y comprometido del cada día con la oración, como muy bien decía san Benito Abad: “Orar y trabajar”. Cada vez que celebramos la eucaristía, la Cena del Señor, recordamos el pasado: “proclamamos la muerte del Señor”, con una mirada profética al futuro, “hasta que vuelva”. La misa, bien celebrada, nos hace vivir una cierta tensión espiritual, entre el pasado y el futuro, concentrados ambos en el presente. Nuestro destino está en el futuro y se llama Dios. Pero el futuro ya está en el hoy del cada día. Nuestro quehacer diario debe hacer eco a la petición que rezamos en el Padrenuestro: “venga a nosotros tu reino”. Esta espera no significa un cruzarse de brazos. Hay que intentar cambiar el curso de la historia. A Dios rogando y con el mazo dando podríamos muy bien decir. Quienes vivan de esta forma, serán los últimos en reír y reirán mejor que nadie.

Sucre, 15 de noviembre de 2016. Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F. M. Arzobispo emérito de Sucre.

 

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