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El carnaval de los caudillos
Miércoles,  10  de Febrero, 2016

Para no descompaginar, es preciso ponerse  a tono con el carnaval. “Me apresuro a reírme de todo, por temor de verme obligado a llorar”, decía Fígaro.  Al gobierno le sobra habilidad para reírse y para hacer reír también. Por  ejemplo, la casi coincidencia entre la fecha del referendo y  la  del Dios Momo,  no fue nada casual. La relación calculada de los dos eventos fue impecable. Son diestros, ni duda cabe.

Sin el fondo humorístico, la plata insulsamente  erogada para el referendo, la orgía imparable de la corrupción, las bromas pesadas del Vicepresidente, las dudas del jefazo sobre si aún lo quieren, la impunidad de las bartolinas corruptas,  los políticos exhumados del exilio, el discurso soporífero de S.E., en fin, todo eso sería realmente para llorar. Pero hagámonos a la copla: “porque es carnaval todo se soporta; aunque nos critiquen, poco nos importa…”. Dale maestro.

Baco dice que hay que matarse de risa, pero de risa. No como Linera que – según dijo -    aprendió a matar de verdad, y después  ofreció ataúdes  a los mineros de Huanuni; el otro día aconsejó  armarse de dinamita. En el corso de corsos hasta los militares bailan, y los políticos nos hablan de la muerte.  ¡Algo está pasando!  Esto es de antología: Si perdemos el 21, “los gringos y los asesinos regresarán; a las wawas les van a quitar todo; el sol y la luna ya no saldrán...Todo va a ser llanto y tristeza para nosotros...”.  Indudablemente es el miedo, mucho miedo.

Señor Morales, ¿por qué quiere mantenerse en el poder? “Porque se ha comprobado que aun tratándose de ministros, el cambio paraliza la gestión unos tres meses. Imagínense lo que puede pasar sin nosotros”. Claro, sería grave. Por ello, y además   en sujeción a la norma de que “ministro no censurado será cambiado; ministro censurado seguirá siendo ministro”, todo el gabinete fue ratificado. Los bloqueos, tan recurrentes, tan cotidianos, son un modo de censurar. No hay ministro que no los tenga. La norma funciona.

El Canciller es el decano. Su rara reputación da vuelta el planeta; a él debe el mundo varios descubrimientos: la lectura en las arrugas de los abuelos, el sexo de las piedras y la papaliza  como viagra en los Andes. Cuando  le preguntaron afuera sobre el liderazgo único de Morales,  respondió: “Hay un solo Fidel, un solo Mandela, un solo Gandhi...un solo Evo”. Salvando distancias,  un solo Choquehuanca.

Por definición, el carnaval es siempre festivo. Sólo los políticos saben de la “guerra sucia”.  ¿Hay normas éticas en este campo? Magnánimos como el mariscal Sucre son pocos en la historia. Los más de los demagogos, como los que bloquean caminos,  se ensañan con la gente “hasta las últimas consecuencias”. En el relato de los diablos  se cuestiona los pecados capitales. En la ficción podemos silbar  al malo de la película; en la realidad, hay que soportar en silencio los desmanes del tirano.

El autor escritor, 
miembro del PEN Bolivia

Acerca del autor:
Demetrio--Reynolds-
Demetrio Reynolds
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