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¿Y el modelo boliviano?
Editorial
Martes,  14 de Septiembre, 2010

Finalmente los hechos están dándole la razón a las primeras palabras de Fidel Castro, y su hermano Raúl ha confirmado que el Estado Cubano despedirá 500 mil empleados públicos hasta finales del próximo año. Parece mucho medio millón de personas, pero es apenas el 12 por ciento de los cerca de cuatro millones y medio de burócratas (casi la mitad de la población del país) que viven de la mamadera socialista. Qué modelo va a funcionar así, aunque increíblemente, hay quienes quieren importarlo y lamentablemente los “importadores” están en Bolivia.
Y mientras que en Cuba, el hermano que habla poco pero que hace, ha dicho que en la isla comenzará una paulatina apertura a las actividades privadas y a las cooperativas, en Bolivia –decretazo en mano-, el Gobierno ha iniciado la expropiación de empresas altamente productivas en manos de ciudadanos bolivianos. No se sabe qué va a pasar con Fancesa, pero si ocurre lo mismo que ha sucedido con Huanuni y con YPFB, el resultado será desastrozo y dentro de un año el país estará importando cemento, ya no como medida de emergencia, sino como destino ineludible ante la incapacidad de incrementar la producción o en todo caso, frenar la caída. Eso sí, tal como ha pasado en las minas nacionalizadas  y en la petrolera estatal, los supernumerarios se contarán por miles. Producir más y mejor nunca ha sido una meta socialista y por ende, erradicar la pobreza tampoco ha estado entre sus logros.
¿Cuál es el modelo boliviano? Hasta ahora nadie dice la última palabra, porque siguen vigentes leyes netamente liberales mientras que el discurso se tambalea entre conceptos como “socialismo andino”, “economía comunitaria”, “estado integral”, aunque todo parece indicar que el MAS busca repetir la vieja receta del capitalismo de Estado, tanto o más perniciosa que los fracasados experimentos marxistas.
Además de su falta de consistencia teórica, el “modelo boliviano” tampoco tiene orientación económica y simplemente constituye una herramienta más para acaparar el poder total del país, de tal manera de generar una nueva élite dominante. Cuando el MAS llegó al poder, la consigna era apropiarse del gas, pues se pensaba que en ese recurso debía estar el engranaje para la reproducción del modelo político a imponer en el país. La inoperancia de los técnicos del régimen condujo al fracaso y a la destrucción de toda una industria y lo mismo podría ocurrir en otras actividades económicas en las que incursione el Estado Plurinacional.
Hace siete años nadie hubiera imaginado a Bolivia importando gas para abastecer su mercado interno. Hoy, lamentablemente, más de una cuarta parte de los ingresos por las exportaciones de gas natural a Brasil y Argentina se van en comprar gasolina, GLP y diesel y la falta de combustible ha llegado al extremo de generar escasez de cemento. Tal vez sería exagerado pensar en que, algún día, el “modelo boliviano” nos conduzca a la importación de estaño, el producto estrella de la minería nacional, pero eso mismo tal vez les ocurrió a los cubanos y ahora están consumiendo azúcar importada, en el país que siempre ocupó uno de los primeros lugares en el mundo en la producción y exportación de ese producto. Ojalá no tengamos que llegar a ese extremo ni esperar 50 años.

El “modelo boliviano” tampoco tiene orientación económica y sólo constituye una herramienta para acaparar el poder total del país.

 

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