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Suicidio político
Viernes,  7 de Abril, 2017

La lógica de la creencia religiosa establece que debemos actuar conforme a nuestras convicciones, pero siempre temiendo a Dios por las consecuencias dañosas que podemos producir o por el supuesto castigo de Dios por nuestro mal proceder. Es decir, "Obrar bien y deja el premio o el castigo en manos de Dios”.

Esa es la forma lógica que se ha impuesto en la política latinoamericana, una lógica religiosa, entremezclada con el quehacer político ejemplo arquetípico de lo que Max Weber describiera en sus escritos como “ética de las convicciones”. Sin embargo, actuar exclusivamente en función de las convicciones, como señalara el sociólogo alemán, es que los actores se exoneran a sí mismos de las consecuencias de sus acciones, es decir, se convierten en irresponsables, en santos inmaculados, sosteniendo que lo hicieron por el bien de todos y porque creían que era lo correcto. Es decir, aunque era ilegal, actúo en la creencia y convicción de que era legal. Después expresarán que “es la mala fortuna o la perversidad de los adversarios”.

El político debe ser ético y responsable, unir la ética de las responsabilidades, que examina consecuentemente y por reflexión las relaciones entre medios y fines para ser capaz de corregir las decisiones tomadas siempre que hubieran sido erradas. Ese escudo y égida que los falsos políticos toman para defenderse, les impide aprender del pasado y de los errores y peor aún, anticipar el futuro. La irresponsabilidad política reivindica una política basada en razones pragmáticas, en cálculos y beneficios, costes y oportunidades, una política, esta vez pensando en las personas cuyas vidas pueden ser mejoradas gracias a la esencia del arte político conducida por verdaderos estadistas gubernamentales. Esta, es la razón, por la cual los políticos anhelan llegar al poder para lograr el beneficio colectivo y no para obtener ganancias ilícitas.

Un político se suicida no por el voto castigo de la gente en elecciones determinadas al no volverlo a elegir, sino, se da sobre todo, porque este es incapaz de no tener la convicción para transformar a mejor la vida de la gente, no devolverles nada por su voto, sino más bien, martirio, carestía, inflación y más pobreza. Los Partidos políticos, las Agrupaciones ciudadanas y los Pueblos indígenas, deben tener alternancia de sus candidatos, cambiar de líderes más aptos y con nuevas ideas afines a generar mejor progreso y desarrollo. La irresponsabilidad política deteriora el sistema político y lo deslegitima. Los líderes no pueden ser tóxicos, sino razonables e incluyentes. Si bien es cierto, que los gobiernos muchas veces tienen que hacer ajustes presupuestarios del gasto público, debemos subir un poco más de lo pensado el salario mínimo, invertir en políticas activas de empleo para no generar mayor descontento ciudadano y evitar convulsión social.

No se puede perder el tiempo con elecciones y referendos absurdos, porque esto obliga a los ciudadanos a sufragar desastrosamente en votar a líneas étnico-identitarias en lugar de cívico-políticas. 

Tenemos que dejarnos de fábulas, cuentos y ardid, tener conciencia y pensar que al ser elegidos nos genera una gran responsabilidad para devolver a las personas lo que prometimos en la campaña electoral por obligación política, igualdad y justicia social. Los gobernantes nunca deben dejar huérfanos de políticas públicas que mejoren la calidad de vida del elemento población del Estado.

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Pablo Gutiérrez Urgel
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