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Editorial
El doble aguinaldo
Sábado,  25 de Abril, 2015

E l Gobierno acaba de anunciar que para este año nuevamente existen perspectivas favorables para el pago de un segundo aguinaldo a los trabajadores del país, tanto del sector público como del privado. La seguridad de esta afirmación gubernamental se basa en la proyección económica calculada para este año, cuya expansión alcanzará o superará el 5% referencial. El anuncio ha sido recibido de manera diferente  tanto por el sector empresarial privado como por el sector laboral, por distintas razones. Conviene señalar que al sector empresarial el anuncio no le hace gracia, una vez que el año pasado han sorteado grandes dificultades económicas para cumplir con esta disposición legal.
 
Los trabajadores, por supuesto, avizoran la esperanza de recibir un aguinaldo adicional que si bien ha aumentado su poder de adquisición al final del año con motivo de las fiestas de Navidad y Año Nuevo, también han visto que el alza especulativa de los precios de los productos comerciales le ha quitado el encanto al beneficio, puesto que los comerciantes se  “fabricaron” su doble aguinaldo subiendo los precios. Esa misma modalidad la usaron los taxistas y otras instancias de servicios, dando por resultado un alza de precios general que ha atentado contra la economía popular sin que el Gobierno haya puesto remedio de manera oportuna y eficaz. Este año puede repetirse el hecho.
 
Ante ese fenómeno económico, emergente de la situación de informalidad laboral de un inmenso sector de la población boliviana, que no recibe sueldos sino que obtiene sus ganancias a través del esfuerzo cotidiano, el anuncio del doble aguinaldo se presenta como una nueva oportunidad para una tendencia alcista que perjudica a todos. No es que el doble aguinaldo sea inmerecido, sino que su entrega obligatoria en el marco del crecimiento económico del país no contempla la situación de las empresas privadas ni del amplio sector informal. Da la impresión que el doble aguinaldo se presenta como medida socioeconómica bien intencionada, pero que genera innecesarios conflictos.
 
Por una parte, los empleadores medianos y pequeños se ven obligados a recortar personal, lo que deriva en una masa importante de trabajadores desempleados. Esta coyuntura debería mover al Gobierno a plantear a este sector un apoyo económico estratégico, logístico y sistemático de manera que no se afecte su estabilidad. De la misma manera, las grandes empresas deben recibir mayores oportunidades de crecimiento en la medida que el Gobierno atienda sus necesidades imperiosas. Con mayores obstáculos que facilidades, la entrega de un doble aguinaldo por parte del sector empresarial deriva en una importante carga económica difícil de sobrellevar.
 
Con todo, la crisis económica global -a causa de la baja del precio del petróleo- ha afectado al sistema económico nacional. Sin duda, no en la misma magnitud que a los otros países vecinos, pero sí en sus proyecciones optimistas. De ahí que el crecimiento económico del país sufre una desaceleración cuyas consecuencias están todavía por verse. Desde esa perspectiva, el doble aguinaldo sigue siendo una penosa obligación para el sector empresarial privado, en sus diferentes niveles, que atenta contra su propia productividad. Además, el Gobierno debe encarar medidas eficaces contra la tendencia alcista de fin de año que solivianta la economía popular, por causa del doble aguinaldo.

El doble aguinaldo sigue siendo una penosa obligación para el sector empresarial privado, en sus diferentes niveles. Además, la tendencia alcista de fin de año tiene un impacto directo contra la economía popular, por causa del doble aguinaldo.

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