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Guerra antidrogas: el camino de retorno
Miércoles,  7 de Mayo, 2014

El impulso que recobró el nacionalismo en América Latina en forma de gobiernos de izquierda y regímenes populistas, trajo consigo un rebrote del sentimiento antinorteamericano que, por supuesto, se estrelló en contra de la lucha antidrogas que llevaba adelante Estados Unidos en la región.

Varios gobiernos decidieron encarar solos la guerra contra las drogas y en el caso de Bolivia y Venezuela, esta decisión vino acompañada de una actitud muy drástica y altamente simbólica, como la expulsión del embajador estadounidense y la suspensión de todas las actividades de la DEA, que luego se transformaría en la eliminación absoluta de la ayuda que brindaba Washington a las tareas de erradicación de cocales ilegales y la interdicción.

Otro que ha ido muy lejos en su manera de encarar las drogas ha sido Uruguay, donde ha comenzado a regir una norma que permite el consumo y la venta de marihuana bajo un régimen muy estricto que, según expertos, está condenado al fracaso.

En Argentina, el país con mayor ímpetu “antiyanqui” del continente, idearon sistemas muy modernos y aparentemente bien organizados para frenar la invasión de drogas proveniente de Bolivia y en lugar de atenuar, el problema no solo ha empeorado, sino que ahora el país de Borges y San Martín figura en la lista de productores de cocaína, algo que nadie hubiera imaginado antes del ascenso del kirchnerismo al poder. El avance del narcotráfico ha elevado los niveles de violencia y mantiene a la ciudadanía en estado de conmoción constante, lo que ha obligado al gobierno de Cristina Fernández a ir por la ayuda de la DEA, según lo atestigua un reciente convenio firmado con la organización estadounidense y que termina con un periodo de altibajos que incluyó la suspensión de actividades en el 2011.

Y si hablamos de avalancha de drogas, no podemos dejar de mencionar a Brasil, donde han tenido que recurrir a la militarización de las fronteras con Bolivia y Perú para evitar el ingreso de toneladas de cocaína y armamento destinado a las mafias que controlan el comercio de drogas en las principales capitales. Aquí también se tuvo que apelar a la ayuda de la DEA en el marco de un convenio que nos incluye a los bolivianos y que prevé tareas de erradicación, patrullaje aéreo y el derribe de aviones sospechosos. De hecho, la Asamblea Legislativa Plurinacional acaba de aprobar una ley para estos casos, luego de que el propio presidente se burló alguna vez diciendo que se trataba de mosquitos las numerosas naves que salen del Chapare y de otros centros de producción de cocaína.

Mientras esto ocurre, en países que se mantuvieron en la línea de acción multilateral como México y Colombia, los resultados han sido distintos sobre todo en este último, donde ha bajado la producción de cocaína, han disminuido las plantaciones de coca y la violencia ha caído notoriamente. En el caso mexicano todo indica que se conducirá por la misma ruta.
Esto lleva a afirmar que ya sea por error involuntario o no, los países que confundieron las cosas bajo el manto de la ideología y con ello impulsaron el comercio de las drogas, están camino al fracaso y ponen en peligro la estabilidad de gobiernos y procesos democráticos. A lo mejor Argentina está marcado el camino de retorno.

El avance del narcotráfico ha elevado los niveles de violencia y mantiene a la ciudadanía en estado de conmoción constante, lo que ha obligado al gobierno de Cristina Fernández a ir por la ayuda de la DEA, según lo atestigua un reciente convenio firmado con la organización estadounidense y que termina con un periodo de altibajos que incluyó la suspensión de actividades en el 2011.

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