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¿Cortinas de humo o miopía?
Domingo,  30 de Marzo, 2014

Elija la calificación que mejor le parezca para interpretar -y tratar de entender, si es posible- reacciones, comentarios o respuestas a tantos hechos que afectan a todos como país, como comunidad o como vecinos simplemente, pero que al parecer no importan a todos en la misma medida. La democracia, por fortuna, radica en el derecho que le garantiza a todo ser pensante de expresar con libertad su opinión o su criterio sobre cualquier tema de su vida en comunidad. Siempre, por supuesto, que se respete el de los demás.

Todo respetable. Esa característica fundamental del ser humano cuyos límites los marca solo su capacidad de raciocinio. Pero genera problemas cuando en el ejercicio de ese derecho los intereses personales, de grupo o institucionales, por muy legítimos que sean, relegan a los de otros. El asunto motiva preocupación legítima cuando se antepone ese interés al del conjunto social, que tiene que ver con el bien común.

¿Botones de muestra?.

Preocupa que las denuncias del exfiscal Marcelo Sosa en Brasil se vayan perdiendo detrás de cortinas de humo y descalificaciones, en el afán de irse por las ramas para eludir el asunto de fondo. El otrora poderoso fiscal que envió a prisión y obligó a huir a tanta gente denunció que no todo fue legal ni correcto. Que se lo obligó a inculpar a gente inocente.  Ya antes había dicho -y le grabaron- que lo ocurrido en Santa Cruz en abril del 2009 fue montado para descabezar a una oposición políticamente desorejada, según se ve ahora. Pero el análisis y la investigación de lo que escribió y dijo se posterga a no se sabe cuándo.  Aunque llevó su carta personalmente al consulado en Brasilia,  lo que dice en ella no vale pues  "no la legalizó porque no tramitó el reconocimiento de firma".  Según el embajador "lo único que hizo es dejar correspondencia y llenar el formulario que se entrega a cualquier persona que deja papeles". Como si fuera un mensajero que deja el diario o la invitación a un coctel, ¿verdad?.

Pero no extraña porque parece que a pocos importa y pocos preguntan y analizan si habrá algo o mucho de verdad o mentira en todo lo que escribió o dijo, porque "no legalizó" su carta. Ni se comprobó la veracidad de lo que se le escucha en esa grabación que él mismo reconoce que le hicieron.

Preocupa que todo termine en agua de borrajas porque  es "un delincuente confeso" y "un corrupto", según se dijo cuando cambió de bando. Pero no extraña que a pocos importe y pocos pregunten quién es el responsable de haber encargado a semejante personaje el tan sonado caso de terrorismo y de tenebrosos planes de separatismo que amenazan la integridad nacional, porque todos saben.

Preocupa que lo mismo ocurra con las revelaciones del exmayor de Policía, Fabricio Ormachea,  preso en Estados Unidos por un caso de extorsión, o lo que pudo informar el también preso en ese país general René Sanabria. Pero tampoco extraña. Lo que revelan o denuncian no vale nada porque "son delincuentes confesos", aunque uno haya sido jefe de inteligencia o lucha contra la corrupción y el otro nada menos que Comandante General de la Policía. Tampoco extraña que importe poco saber, porque políticamente puede ser inconveniente, quién ni por qué los puso donde los puso.

Preocupa que nos llenemos la boca con eso del respeto a los derechos ciudadanos y las libertades constitucionales aunque nos importe poco y nada el atropello a las gentes que están presas sin juicio ni sentencia por culpa de las actitudes del exfiscal o la extorsión del exmayor de Policía. Pero no extraña ese  "no me importa" o "yo no fui" porque, reconozcamos, para muchos lo que les ocurre a esos otros no afecta a sus intereses porque piensan diferente.

Preocupa que nos digamos paladines de la democracia aunque no hayamos hecho nada para recuperarla y preservarla en tiempos de dictadura. Por eso marchamos hoy del brazo de quienes la conculcaron y pedimos respeto al régimen constitucional de Venezuela porque es "democrático" pues fue elegido en las urnas aunque reprima con balas y palos las protestas de su gente. Pero no extraña, porque quienes gobiernan en Venezuela piensan como uno y tal vez actúan como pensamos que podríamos actuar también.

No extraña, en cambio, que defendamos nuestra propia libertad de expresión y opinión porque trabajamos en algún medio de comunicación, pero preocupa que olvidemos que el mismo derecho tienen las gentes que no tienen la posibilidad de escribir y dibujar, como los mineros de Oruro, que expresan con hechos, porque no tienen otra forma de hacerlo, su protesta contra la opinión ajena. Con razón o sin ella, aunque nos parezca torpe, porque el derecho de unos  termina donde comienza el de los otros.

Al fin y al cabo, las cortinas de humo o la miopía son siempre más útiles que los principios y los valores cuando de intereses personales o de grupo se trata. Aunque esa es cuestión subjetiva y cada quien dice y actúa como le parece.
 

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