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 20 de Junio de 2018
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Según un informe de lidema sobre el estado ambiental revela que 34 millones de hectáreas están fragmentadas
Bolivia: un tercio de su territorio está degradado
Impacto. Las actividades extractivas y el avance de la frontera agropecuaria, son los factores que más influyen en la pérdida de bosques.
Domingo,  4 de Agosto, 2013
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Ref. Fotografia: Riesgo. La deforestación es una de las principales amenazas a la flora y fauna silvestre, así como al recurso agua.

En los últimos 30 años, un tercio del territorio de Bolivia ha sido modificado y hoy se encuentra degradado. Así lo revela un informe de la Liga del Medio Ambiente (Lidema) sobre el estado ambiental.

Los impactos que ha sufrido el medio ambiente, según los resultados del informe, son principalmente el cambio de uso de suelos para actividades agrícolas, pecuarias y agroindustriales; a la tala indiscriminada de bosques; a las grandes iniciativas de desarrollo o megaproyectos que se implementan sin recaudos ambientales; a los procesos de colonización espontáneos; y a la falta de gestión ambiental urbana en relación al tratamiento de aguas residuales y de residuos sólidos. "Estas actividades han ocasionado la degradación de la vegetación y de los suelos y son el origen de impactos  críticos en la calidad ambiental en las diferentes regiones del país, tanto en el Altiplano, como en los Valles y las Tierras Bajas", señala parte de la investigación divulgada en Cochabamba con ocasión del Encuentro de la Red de Periodistas Ambientales de Bolivia.

Hay otras 40 millones de ha en estado de degradación
. De las 34 millones de hectáreas altamente modificadas (un tercio del país), se calcula que unos 10 millones corresponden a regiones deforestadas, principalmente en las Tierras Bajas, señala la  investigación “Primera aproximación a un inventario de unidades ecorregionales amenazadas en Bolivia”, publicada el 2011, por la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema). Para orientar mejor a la población en general desarrolló, este 2013, un mapa interactivo en el que se observa un inventario de las amenazas -clasificadas como vulnerable, crítica y muy crítica- que atraviesa el país.

Transforman los bosques por cultivos.
Las tierras deforestadas fueron destinadas a distintos usos: cultivos, sistemas agroforestales,  campos pecuarios en fincas o tierras comunales, espacios de  pastoreo y  zonas de colonización. Se estima que en la década de los '60, la superficie de bosques en Bolivia alcanzaba a más de 60 millones de hectáreas, la cual disminuyó en 1975 a 56 millones. Para el 2005, esta cifra descendió más aún, alrededor de 50 millones de hectáreas, es decir el 47% del territorio nacional. La deforestación en diversos departamentos, ha llegado a impactar a ecosistemas de alta fragilidad y a regiones húmedas de montaña, poniendo en riesgo a zonas productoras de agua. Por ejemplo, en varias zonas de los Yungas de La Paz, y al oeste de la ciudad de Santa Cruz, zona que rodea el río Piraí. El cultivo de la soya  a escala industrial ha contribuido en un 60%, constituyéndose en el mayor contribuyente a la eliminación de la vegetación, se trata de una deforestación contemporánea que data de los años 90, señala la investigación realizada por Marco Octavio Ribera, coordinador Nacional de Investigación y Monitoreo de  Lidema

Los procesos de colonización espontáneos también han afectado importantes superficies de ecosistemas boscosos con escasa vocación agrícola, como es el caso del Chapare, Yucumo-Rurrenabaque y San Buenaventura-Ixiamas. La investigación identificó a 27 ecorregiones amenazadas por megaproyectos (energéticos, viales, mineros); 32  por impactos devastadores originados por la contaminación, la ganadería de reemplazo y las quemas; 33 por procesos intensificados de avances de las fronteras agropecuarias; 31 por procesos de colonización; 29 por efectos drásticos del cambio climático; y 35 sufren procesos de severa reducción de sus superficies por impactos diversos al entorno

Los proyectos extractivos son la principal amenaza. Hasta finales del 2012 se han identificado 19 megaproyectos de grandes operaciones extractivistas. Entre ellas, represas, caminos dentro de áreas protegidas, exploraciones petroleras fuera de la zona tradicional y dentro de áreas protegidas de alta sensibilidad, megaproyectos mineros, complejos agroindustriales, proyectos de geotérmica, corredores bioceánicos, iniciativas de biocombustibles, entre otros. La minería, según la información publicada, es una de las consecuencias más graves del extrativismo cuyas acciones afectan a ríos, lagos y sus entornos. Por ejemplo, Potosí, Chuquisaca y Tarija, son los departamentos que más sufren los impactos de la minería, proveniente de la cuenca alta del río Pilcomayo que afecta casi a 50 municipios. En los últimos años, los impactos de la minería han aumentado en las tierras bajas, especialmente en la Chiquitania y Guarayos. El Mutún, el megaproyecto metalúrgico más grande, tiene un elevado nivel de riesgo sobre la región del Chaco Pantanal de Otuquis, un área protegida.  Otra de las consecuencias graves del extractivismo proviene de la explotación de los hidrocarburos, como el gas y el petróleo. Sus acciones tienen elevados impactos y riesgos para ecosistemas de especial fragilidad, a partir de las exploraciones y desarrollo de pozos de producción. Las mayores están en La Paz, en el parque Madidi, Ríos Hondo y Tahuichi y la Reserva TCO Pilón Lajas. Asimismo, el Parque Nacional Aguarague sufrirá nuevas exploraciones, adicionando impactos que terminan afectándolos. Otro megaproyecto hidroeléctrico previsto es Cachuela Esperanza, sobre el río Beni, que ocasionaría impactos desastrozos, es el llamado Sol de Mañana, en Potosí.

Para saber
El Gobierno no tiene informe del estado ambiental

Bolivia padece de una debilidad crónica en su gestión ambiental estatal debido a que desde la aprobación de la Ley 1333 de Medio Ambiente, el Estado boliviano nunca relevó el estado ambiental del país que debía actualizarse cada cuatro años, ni tampoco cuenta con un Reglamento de Vida Silvestre, constituyéndose en el único país del continente en no contar con esta herramienta, evalúa la Liga de Defensa del Medio Ambiente (LIDEMA). “Es una debilidad crónica del Estado, y no es de los últimos seis años -viene de mucho antes- pero lastimosamente en la actual gestión ambiental no ha sido subsanada ni en lo económico ni en lo técnico ni operativo”, afirmó el coordinador Nacional del Programa de Investigación de LIDEMA, Marco Octavio Rivera.

Ante ese vacío de información relevante que sirve entre otros aspectos para monitorear los avances o retrocesos en materia ambiental, dijo que LIDEMA se planteó en sus planes estratégicos a partir de 2006 elaborar el Estado Ambiental de Bolivia.

Biodiversidad
La flora y fauna están amenazadas

En Bolivia es uno de los 8 países más ricos del mundo en diversidad biológica. Su territorio comprende 32 regiones ecológicas.

199 ecosistemas que se encuentran en su gran mayoría, representados en sus 22 áreas protegidas. Está entre los 10 países más diversos en vertebrados: tiene 398 especies de mamíferos, 277 especies de reptiles, 635 especies de peces,  204 especies de anfibios, 1.422 especies de aves. 20.000 especies de plantas.  Bolivia también está entre los 11 países del mundo con más riqueza de flora, pues cuenta con más de 20.000 especies de plantas. Sin embargo,  existen actualmente 1.314 especies de fauna y flora amenazadas; las cifras revelan que en los últimos 15 años el número de especies amenazadas duplica la cifra acumulada en toda la historia del país.

“El número de especies amenazadas ha aumentado de 240 a 314 en los últimos 15 años”, señala el informe de “Estado ambiental de Bolivia 2009-2010” de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema).  En relación a la fauna 314 especies se encuentran en la lista roja, de las cuales 70 están en estado crítico, entre éstos el cóndor, el quirquincho, el suri, el titi, la oga, la londra, el caimán negro, y la paraba cuello azul.

 De todas las especies amenazadas, la flora es la que sufre una mayor presión, principalmente por la explotación de especies maderables. Alrededor de 1.000 especies de plantas superiores están amenazadas; entre estas el cedro, el tajibo rosado, morado, kolo, la puya, la yareta, la totora, las queñuas y la mara.
 

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Alexander Terrazas
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