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El tacú de papel
La verdadera imagen
Martes,  26 de Marzo, 2013

Los que saben afirman que el ser humano busca primero los ojos en el rostro de una persona para iniciar el contacto social. Después, en el rostro busca la boca, quizás esperando la emisión de las palabras o la señal inequívoca de la simpatía: la sonrisa. Luego, una cosa lleva a la otra, de acuerdo a las circunstancias. Se afirma que la memoria de corto plazo capta el rostro y la memoria de largo plazo los detalles. Así se narran los encuentros de los seres humanos con sus congéneres. En el rostro se buscan otras señales que identifican al individuo, que quizás reflejen la bondad que rezuma o la maldad que se oculta. El rostro, la faz, la cara, muestran el encanto de lo unipersonal.

Los grandes viajeros y aún aquellos que han viajado muy poco, saben que los pueblos tienen un rostro muy peculiar, por el cual los identifican y aman, o les temen y rechazan. Hay lugares que han sido cantados por juglares y eternizados por los poetas. Resulta interesante el proverbio que reza: “Vedi Napoli, e poi muori” (Ver Nápoles y después morir). Ven un rostro de la Italia del sur y se llevan todo tipo de impresiones, que quizás no hagan justicia al rostro verdadero de los napolitanos. La imagen verdadera de los pueblos solo se la encuentra en sus mundos interiores, que es cuando se descubre la trama que construye de a poco su historia, su cultura y sus sueños.

Casi todos los pueblos tienen un misterioso secreto escondido. Por ejemplo: ¿Qué objeto llevó el poeta Virgilio al islote Megaride? Dicen que fue un huevo (¿de qué especie?) que enterró en sus cimientos para que soporte el Castillo del golfo que ahora se conoce como el Castillo del Huevo. Esos misterios dan su encanto a Nápoli. En estos días de Semana Santa, el mundo católico muestra el rostro de Jesús El Nazareno, su vida, pasión y muerte. Según la tradición una mujer de nombre Verónica asistió a Jesús martirizado en el Vía Crucis. Con un paño limpió el sudor y la sangre del Dios hecho Hombre. En el paño quedó impreso el rostro, la imagen verdadera del Hijo del Hombre.

Pero aún así los creyentes no conocen a Jesús El Cristo, simplemente porque no han explorado su mundo interior ni han seguido sus pasos para comprender a la gente, la vida y la realidad que se transforma. Han visto su rostro en diferentes lienzos, pero los que saben consideran que la imagen verdadera está en solo uno de ellos. Y que su mensaje es más claro que el agua: “Por sus obras los conoceréis”. Esto significa que hay que practicar el hacer el bien y no solo hablarlo. Hacer lo que Jesús Nazareno ha hecho: Combatir por la felicidad de las mujeres y los niños. Presentar el rostro contra la injusticia, luchar y morir contra los opresores, los hipócritas, los ambiciosos, los avaros.

En un mes de marzo se ha ido Luis Espinal, sacerdote jesuita. Lo acallaron los esbirros de las dictaduras, los ladrones de la democracia. Siendo español de Barcelona se convirtió en boliviano. De aquí. Y en su palabra floreció la verdad que molesta a los poderosos. Espinal Camps siguió los pasos de Jesús El Cristo y demostró ante todos que la imagen verdadera del cristianismo es el amor por el prójimo. Quizás sangrante y dolorosa como la del paño de Verónica o Benerice. Quizás enigmática y atrayente como la de los pueblos sufridos del mundo, donde los hombres y mujeres de bien construyen el futuro para sus hijos y los hijos de sus hijos. La imagen verdadera de los pueblos.

*El autor es Periodista, Médico Pediatra, Magíster en Educación Superior y en Salud Pública.

Acerca del autor:
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Fernando Luis Arancibia Ulloa
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