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OPINION
Tribuna
El ciudadano y el control social
Lunes,  16 de Abril, 2018

Constitucionalmente, la ciudadanía consiste en concurrir como elector o elegible a la formación y al ejercicio de funciones en los órganos del poder público, y, en el derecho a ejercer funciones públicas con idoneidad a partir de los 18 años de edad, cualesquiera sean sus niveles de instrucción, ocupación o renta. Sin embargo, el gran dilema y talón de Aquiles de todos los gobiernos bolivianos sin excepción, es que han actuado en contrarruta, porque ubica a personas sin ninguna experiencia y conocimiento especializado en cargos públicos fundamentales y, sin la preparación ética y moral, lo cual repercute en una mala atención déspota y de baja ralea. Por ello, considero que debería haber en todas las instituciones públicas una vez al mes una clase de filosofía ética, moral y religiosa para ensalzar valores de respeto, puntualidad, compromiso, gratitud, fidelidad, empatía, altruismo y celeridad. 

Esta clase-taller deberá ser dirigida por el director de dicha institución acompañado por un sacerdote, pastor evangélico, sociólogo, licenciado en trabajo social y periodista (alternancia) y de algún ciudadano elegido por el control social de la comunidad para que explique las necesidades de la población. El control social, la ejerce el pueblo soberano por medio de la sociedad civil organizada que tiene el derecho de participar activamente en la dictación de las políticas públicas para beneficio de toda la sociedad. El control social se ejerce  sobre la gestión pública en todos los ámbitos a nivel nacional. La democracia no les pertenece a los que son elegidos en votación, ni pueden “atarla a su capricho, ni secuestrarla para beneficio personal” sino que le pertenece al pueblo. Por eso, la más grande definición de la democracia, fue la expresada por el presidente norteamericano Lincoln; gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. 

El ciudadano, debe ser protagonista auténtico y eficaz en el quehacer político nacional y el centro de las políticas públicas gubernamentales. Tenemos que ser los constructores de una verdadera democracia moderada y regenerada donde el pueblo sea el pivote y no el arlequín que los políticos pueden  mover cuando les conviene. Los ciudadanos no podemos ser apáticos y cobardes ante lo que sucede en la sociedad. Con esfuerzo, trabajo y perseverancia se hace patria todos los días y, no sólo cuando se recuerda una fecha histórica cívica o cuando se entrega una obra a nivel nacional o departamental. Es verdad, que a veces, tenemos que pasar desiertos y quebradas, incluso sufriendo los embates de grupos sectarios que, como arañas venenosas tratan de expandir y defender sus privilegios obtenidos con calumnias y amenazas a los que no comulgan con sus ideas o forma de gobernar. Uno de los derechos políticos del ciudadano boliviano es la fiscalización de los actos de la función pública. Si el pueblo no reclama por sus derechos, pierde su libertad y se atrofia colectivamente. 

Por derecho propio, somos un poder libre y no debemos permitir ser oprimidos por ningún gobierno porque el poder es nuestro. Los gobiernos de turno se deben al pueblo porque éste es el que les dio el voto de confianza para que cumplan eficientemente sus funciones y, no para sonsacar pingües ganancias a través de un cargo público. Por eso, es que, el pueblo tiene la facultad de revocar el mandato dado a sus autoridades cuando éstos, por su accionar doloso o culposo ocasiona daños a la colectividad a través de un mal manejo de la cosa pública.

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Oswaldo-Ulloa-Pena-
Oswaldo Ulloa Peña
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