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Editorial
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Situación de pobreza
Sábado,  10 de Marzo, 2018

Se ha señalado a la pobreza como el enemigo principal del país, el factor que ha venido lastrando el desarrollo y progreso de Bolivia de manera inmisericorde y permanente. Siendo estructural, la pobreza se erige en uno de los desafíos más grandes y difíciles de superar. Por ello, la situación de pobreza del país se presenta como una especie de reflejo de lo que sucede en el país, porque sin duda es consecuencia de la dinámica de la economía, las políticas sociales impulsadas por el Gobierno y la misma lucha política partidaria que alienta o perjudica el logro de los objetivos trazados. Por ello, la tendencia al incremento de los niveles de pobreza debe mirarse con justa preocupación.
 
Resulta oportuno recordar que la reducción de la pobreza y extrema pobreza ha sido en los últimos diez años producto del crecimiento económico y, también, de ciertas medidas de corte social dirigidas a la protección de grupos vulnerables. El crecimiento económico del país en ese período se ha sustentado en los efectos transitorios del incremento de los precios internacionales del petróleo y los minerales. Después, la tendencia de la situación de pobreza en el país ha sido al incremento de los valores porcentuales de la pobreza moderada y de la pobreza extrema, niveles sensibles que conllevan efectos perjudiciales sobre el nivel de la calidad de vida de los bolivianos.
 
Conviene señalar que Bolivia es uno de los países más pobres de Latinoamérica, con niveles promedio de pobreza que lo sitúan en los últimos lugares del continente americano. De hecho, la crisis económica internacional, con repercusión en lo interno, el desempleo y los bajos ingresos familiares, restringen el ejercicio de los derechos humanos de los ciudadanos y afecta de manera distinta y diversa a los diferentes grupos vulnerables, según el género y el origen étnico, porque conlleva una inequidad que alimenta la situación de ciudadanía limitada en su accionar y precaria en su subsistencia. Ello implica alerta sobre los riesgos para la sostenibilidad de los resultados alcanzados.
 
El aumento de los niveles de pobreza moderada y de pobreza extrema se viene registrando desde hace cuatro años de manera paulatina pero permanente afectando a cerca de cuatro y medio millones de bolivianos. Ello significa que la lucha contra la pobreza se muestra de largo aliento. No resultan tolerables ni oportunas las poses triunfalistas sobre avances en este asunto, porque todavía no se ha logrado alcanzar el punto de no retorno que se busca con ahínco. En otras palabras, Bolivia sigue siendo el país pobre que lucha contra su enemigo principal, al que ha hecho retroceder pero de modo alguno ha vencido. Si las condiciones económicas empeoran, el enemigo crecerá.

Si el aparato productor nacional permanece en niveles críticos, sin alcanzar los porcentajes mínimos de crecimiento económico requeridos para un auténtico desarrollo, la pobreza seguirá pendiendo sobre la cabeza del país como la Espada de Damocles. Permanecerá amenazante mientras los productores encuentren más trabas que estímulos y la industrialización de la producción siga en veremos. Le falta mucho aún al país en lo social, económico y político para vencer a la pobreza. Esta situación se torna aun más preocupante si quienes sufren más la pobreza están en el área rural en condiciones de baja productividad agrícola, falta de infraestructura adecuada y acceso a los mercados.

Esta situación se torna aun más preocupante si quienes sufren más la pobreza están en el área rural en condiciones de baja productividad agrícola, falta de infraestructura adecuada y acceso a los mercados.

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