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Editorial
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Señales negativas de la macroeconomía
Martes,  7 de Agosto, 2018
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El doble aguinaldo ha irrumpido nuevamente en el debate público y lo  ha hecho en medio de señales nada halagüeñas en términos políticos y  económicos. Por un lado, cada día se hace más evidente la pérdida de  confianza en el régimen gobernante y en segundo lugar, el motor  principal de nuestro país, el negocio del gas, atraviesa graves  problemas que ya no se pueden ocultar, como la caída de las reservas,  la reducción de la producción y por ende, de los ingresos, y los  serios inconvenientes que se atraviesa para cumplir con los contratos  internacionales y el mercado interno. El Gobierno ha tenido que  enfrentar el desmentido de los argentinos sobre los volúmenes enviados  y encima de eso, crece la incógnita sobre la cantidad de hidrocarburos  disponibles para mantener saludable nuestra industria gasífera.

Pese a este y otros indicadores que obligan a la mesura y la  austeridad, las autoridades vuelven a echar mano del trillado discurso  del crecimiento que se ubica entre los primeros lugares del continente  y otros datos que han sido cuestionados por el sector empresarial, que  considera una verdadera locura apelar nuevamente al doble aguinaldo.    Durante todos estos años el Gobierno se ha basado netamente en datos  macroeconómicos para referirse a las “maravillas” de su modelo.  Crecimiento, Producto Bruto Interno, Ingresos, Índice de  Endeudamiento, Exportaciones, etc. Siempre se ha tenido una mirada  panorámica, sin acercarse a realidades mucho más concretas como la  calidad del empleo, la informalidad, la falta de trabajo entre los  jóvenes, la situación de las empresas, la precariedad de las de las  unidades productivas, etc, etc.  
El Gobierno nunca ha querido hilar fino, jamás ha intentado revisar la  verdadera situación del campesino, del asalariado, del comerciante y  del emprendedor, del ama de casa y el vecino y simplemente se  concentra en las cifras que suelen dejar tranquilos a los organismos  internacionales que tanto se criticaban en el pasado, porque  supuestamente eran cómplices en el ocultamiento de la desgarradora  situación social de las grandes mayorías de bolivianos.

De cualquier forma, ni siquiera los datos macroeconómicos de hoy  sirven para apuntalar el espejismo de la bonanza que trata de pintar  el régimen. El alto déficit fiscal que peligrosamente se está  conduciendo al diez por ciento desde hace cinco años; el crecimiento  del déficit de la balanza comercial; la fuerte reducción de las  exportaciones, el fuerte endeudamiento, el bajo dinamismo de la  inversión pública, la sequía de la inversión privada, la declinante  producción hidrocarburífera son algunas de las realidades que en el  pasado se usaban para pintar un panorama auspicioso, pero que hoy  deberían servir para que los conductores de la economía asuman un  papel más responsable y no recurrir nuevamente a un recurso  electoralista que hoy resulta un verdadero atentado al país.

Los datos macroeconómicos de hoy ya no sirven para apuntalar el espejismo de la bonanza que trata de pintar el régimen. El alto déficit fiscal que peligrosamente se está conduciendo al diez por ciento desde hace cinco años; el crecimiento del déficit de la balanza comercial; la fuerte reducción de las exportaciones, el fuerte endeudamiento y el bajo dinamismo de la inversión pública solo hablan de desaceleración.

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