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Editorial
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Hablemos de cultura
Viernes,  3 de Agosto, 2018
Hablemos-de-cultura

Ahora podemos comprender por qué el militar franquista José Millan-Astray dijo:  "Cuando oigo la palabra cultura, saco mi pistola". El debate sobre el tema cultural en Santa Cruz ha desatado intensas pasiones y posturas, al punto de convertirse en un conflicto que sacude y pone en tela de juicio al municipio. 

Algunos atribuyen la frase al líder nazi Joseph  Goebbels, autor de toda la parafernalia publicista de Hitler, pero ambos tenían en común la idea de que la educación es subversiva y que la misión de cualquier gobernante que desee conservar el poder es adoctrinar, uniformizar el pensamiento de la gente y, en el peor de los casos (cosa que es más frecuente), mantener a la población en una combinación de ignorancia, pobreza y marginalidad.

Nadie debería exaltarse porque algunos consideren que la cultura se reduce a los hábitos, las tradiciones y los quehaceres del individuo, donde se incluye la gastronomía y algunas habilidades ancestrales que forman parte de ese arte de “menor categoría” que los más cultos llaman despectivamente “artesanía”.

Más bien debiéramos festejar que enseñar a cocinar (ojalá algo más que freír y guisar) sea considerado parte de la cultura, en medio de un debate mundial sobre la nutrición, los hábitos alimenticios, la producción de alimentos y toda una serie de aspectos relacionados con la comida, que necesitamos conocer y enfrentar.

Lo más común es que la cultura sea reducida al folklore, la música popular, las fiestas, los bailes y “entradas” de todo tipo, donde lamentablemente lo más “cultural” se ha vuelto terminar intoxicado por el exceso de alcohol y la mirada perdida por el abuso de la coca, elemento que ha adquirido el nivel de sagrado, sin contemplar el inmenso daño que le está haciendo a nuestra sociedad, culturalmente derrotada por los vicios, la informalidad, los negocios ilegales y la falta de educación ciudadana que nos obliga a vivir en medio de la basura.

Otro tipo de reduccionismo muy habitual es considerar a la cultura como sinónimo de arte mayor y cuando se exige (con pleno justificativo) mayor presupuesto para este ámbito, se está pidiendo recursos para los museos, las orquestas sinfónicas, el ballet, la escultura, los conservatorios y las escuelas de pintura. Los que piensan así consideran que cultivar estas habilidades ayuda a la gente a superarse, a soñar y a tomar conciencia de la realidad que los rodea. Los artistas suelen ser los más hostigados por los regímenes políticos autoritarios, porque son los que les abren los ojos a las masas y por eso mismo, fomentar esta “cultura” jamás está en los planes de los autócratas.

En realidad todo lo mencionado arriba es cultura, además por supuesto, de la ciencia, la tecnología y la educación, aspectos que jamás tomamos en cuenta a la hora de entrar en debate, de la misma que forma que ignoramos la “mentalidad ciudadana”, el intangible que más nos ayudará a comprender que el fomento de este “todo cultural” del que hablamos es la única clave para salir del subdesarrollo, tanto el mental como el material. 

Lo más común es que la cultura sea reducida al folklore, la música popular, las fiestas, los bailes y 'entradas' de todo tipo, donde lamentablemente lo más 'cultural' se ha vuelto terminar intoxicado por el exceso de alcohol.

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