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El fiasco de la soberanía alimentaria
Panorama. Pese a que el gobierno de Evo Morales enarboló la 'soberanía alimentaria', la misma sigue siendo una promesa. El valor de las importaciones en 13 años se han duplicado.
Domingo,  10  de Febrero, 2019
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A lo largo de estos 13 años del gobierno de Evo Morales, la soberanía alimentaria suena solo como otra promesa jamás materializada. El hecho es que Bolivia sigue importando alimentos en el mismo ritmo que hace 13 años en volumen; pero en valor, la cifra se ha incrementado en más del doble. 

Según información precisada por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) con datos del INE (Instituto Boliviano de Estadísticas), el volumen de la importación de alimentos, entre el 2005 y 2018, osciló en 676.269,8  toneladas promedio al año. En tanto la cifra en valor, entre el mismo periodo de 14 años, un acumulado alrededor de $us 6.562 millones, equivalente al 16,2% del PIB actual. 

El 2005 los alimentos importados representaron alrededor de $us 218 millones, a diciembre de 2018 dicha cifra anual se vio en más del doble, con $us  571,6 millones. 

Las cifras muestran que el pico más alto del valor de las compras externas de alimentos de parte de Bolivia fue el 2014, cuando la importación superó tres veces con relación al 2005, al situarse en $us 689,5 millones.

En ese contexto los expertos consideran que la tal soberanía alimentaria, enarbolada por el gobierno de Evo Morales, fue un fracaso. "Sencillamente hemos dejado de producir", dice sin dubitar, Miguel Ángel Crespo, director de Probioma. "En los hechos no existe soberanía y menos seguridad alimentaria. El Estado ha dejado la iniciativa al agronegocio, que produce lo que le representa lucro y no es precisamente el mercado interno", manifiesta.

Pero desde la óptica del sector agrícola, las políticas públicas gubernamentales fueron adversas a una mayor productividad ante la escasa seguridad jurídica, las restricciones a las exportaciones, la ausencia del mejoramiento de infraestructura y logística y el uso de la biotecnología con la premisa de “mejorar los niveles de productividad y competitividad".

Según la Cámara Agropecuaria del Oriente, hasta 2012, registraron un crecimiento significativo del sector; sin embargo, a partir de esa fecha, se pasó por un periodo de estancamiento. "Esta es la mayor preocupación como productores porque nuestro sector aporta el 30% de los empleos, 12% al PIB y sobre todo seguridad alimentaria para nuestra población", señala el informe de gestión 2018. 

Los argumentos del retroceso. Gonzalo Flores, en su libro "Amargas Cosechas", refiere que el gobierno en su política de hacer diferente y revolucionaria su gestión, incluso cambió la nomenclatura de “seguridad alimentaria” por “soberanía alimentaria”, cuando en los hechos, entre el 2002 y 2015, dicha importación, al contrario de lo que propugnaba, solo ha crecido en cuatro veces.

Asimismo, refiere que Bolivia importa no solo alimentos procesados, sino también alimentos frescos. "Las raíces de este incremento están en la elevada propensión del país a importar y en la apreciación del boliviano respecto a otras monedas", señala. 

Sus efectos inmediatos son: transferencia de recursos al exterior, desincentivo a los industriales y a los productores primarios domésticos y, "acostumbramiento de los consumidores al producto importado".

La importación de alimentos, en gran medida tiene que ver con trigo y la harina. Esa situación es efecto de la deficitaria producción del grano en el país. Según el IBCE, de casi 500 productos alimenticios entre procesados y frescos importados al país, más del 30% tiene que ver la compra de trigo y harina. 

En julio 2018, vía la emisión del Decreto Supremo 3621, estableció en cero por ciento las alícuotas del gravamen arancelario para la importación de trigo y harina de trigo. La medida se declaró vigente desde lunes 23 de julio al 31 de diciembre de la pasada gestión.

En su último reporte al cierre de 2018, la CAO ha informado que la superficie cultivada de trigo en la gestión 2018 fue de 107.000 hectáreas, un 2% menos que la superficie sembrada en la gestión 2017. 

Por el lado de los rendimientos se registró una disminución de 24% comparado con 2017 y de 34% comparado con el promedio de los últimos tres años. La disminución de la superficie cultivada sumado al bajo rendimiento por efectos de la sequía, afectó significativamente la cantidad producida de trigo que solo alcanzó las 126.960 toneladas, una disminución de 26% comparado con 2017.

Dilema en la política de gobierno.  Inicialmente el MAS, según Flores, defendió la posibilidad de desarrollar una agricultura ecológica. Dicho impulso, con el paso de los años desapareció y de pronto el gobierno giró hacia la agricultura convencional, particularmente después de la crisis de alimentos 2008/2009 y de los primeros pactos con la empresa privada.

Según un análisis del CEDLA, en nombre de la “soberanía alimentaria” el gobierno del MAS, incluso yendo en contra de los que establece la propia Constitución Política del Estado (CPE), optó por favorecer la acumulación de capital de la “burguesía agropecuaria y agroindustrial” en un contexto de descenso en los precios de otros productos de exportación como los minerales y los hidrocarburos.

"Estamos frente a un proyecto que busca la continuidad del modelo neoliberal de apoyo a la agroindustria en esta 'nueva fase' del proceso de cambio”, señala un boletín de análisis del 2015, cuya política se ha fortalecido a lo largo de estos años.

Pero si bien la producción de alimentos de exportación se hallan venidos a menos en los últimos años, sobre todo en rendimientos por hectárea, la situación es mucho más compleja en aquellos que están orientados a satisfacer la demanda interna. A diferencia con el azúcar, cuya producción está ampliamente abastecido, la situación no es la misma en productos como las hortalizas, frutas y tubérculos.

Crespo explica los motivos del porqué nos estancamos o sencillamente dejamos de producir. 

Según datos del INE, refiere el experto de Probioma, se puede apreciar por ejemplo que en la campaña agrícola de 1985 – 1986 la superficie agrícola destinada a producir tubérculos era de 17%, pero este bajó al 7% en 10 años. Para el 2016 – 2017 bajó un punto más 6%.

Mientras que las oleaginosas (girasol, soya) que son "la base del agronegocio", enfatiza Crespo, la superficie agrícola subió en 10 años del 17% en 1985- 1986 al 49%, teniendo este crecimiento una leve baja al 2016_ 2017 donde las oleaginosas ocupan 45% de la superficie agrícola del país.

Asimismo, señala que los cereales se producían más en los ochenta que ahora.  Tal es así que en 1985 -1986 ocupaban un 45% de superficie, bajaron en 10 años a 31% y para el 2016 - 2017 hubo una leve subida 35%. "El agronegocio es para exportación fundamentalmente y ha desplazado a la producción para el mercado interno", remarca.

Asunto pendiente.  La soberanía alimentaria entendida como  la capacidad que debemos tener como país de decidir qué producimos para garantizar la seguridad alimentaria de los más de 11 millones de bolivianos, es vista por los expertos como un tema pendiente del gobierno de Evo Morales que lleva 12 años ostentando el poder.

"La seguridad y soberanía alimentaria no se mide en la producción y exportación de 4 o 5 cultivos. Se mide en base a lo que se produce en el país con soberanía y en base a nuestras necesidades y se consume en el país", asegura Crespo.

Flores, a través de su estudio "Amargas Cosechas", refiere que el gobierno destinó ingentes recursos con el objetivo de revolucionar el agro a través de los pequeños y medianos agricultores. Si el 2006 se destinó Bs 783 millones. Cinco años después, el 2011, había llegado a Bs 2.155 millones. Y el 2015 llegó a Bs 5.837 millones, equivalente a $us 838 millones. Entre el 2005 y el 2015, en diez años de gestión,  el MAS ha gastado en el sector agropecuario Bs 24.656 millones, lo que significó en $us 3.509 millones de dólares.

"El gasto del primer año (2006), se ha multiplicado por un poco más de ocho el 2015. Pero no existen ocho veces más alimentos, ni ocho veces menos subalimentados, ni ocho veces más exportaciones, ni ocho veces más empleos formales, ni ocho veces más industrias de transformación”, refiere Flores vía su trabajo "Amargas Cosechas”.

En el transcurso de los últimos tres años hasta diciembre de 2018, el ritmo de la importación de alimentos sigue en el mismo margen en volumen y con incremento creciente en valor. "El gobierno no ha logrado resolver a lo largo de estos años la carencia de productos, por la situación cambiaria que le ha quitado competitividad a la producción nacional y el contrabando incesante", señala Demetrio Pérez, productor granelero y expresidente de Anapo (Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo). 

En tanto la CAO, remarca cómo única vía de incentivo para producir más en abrir trabas, ante la existencia un escenario internacional que demanda cada vez mayor cantidad de alimentos y que Bolivia por ese motivo tiene la gran capacidad para aprovechar estas oportunidades. "Este es un escenario que no podemos perder, sin embargo, queda la interrogante, ¿qué pretende el gobierno hacer con el sector agropecuario si las llaves principales no se abren?. Es una interrogante, que flota y no tiene una respuesta clara, ante el dilema de romper lo establecido por la Constitución para ingresar agresivamente con la biotecnología, los transgénicos; o por el contrario, enfatiza la agricultura convencional.

Ausencia de inversión en investigación y tecnología

Letargo.  Según los expertos y las entidades del sector productivo, una de las tareas pendientes sigue siendo el tema de la investigación. El gobierno no invierte lo suficiente en investigación, extensión, innovación, apertura de mercados, facilitación del crédito, infraestructuras de apoyo al agro.

Efectos. El impacto es directo al sector productivo tradicional, desde grandes a pequeños, porque afecta a las condiciones de competitividad de la agricultura, ganadería, manejo sostenible del área agrícola, la rehabilitación forestal y el respeto al medio ambiente.

El Invitado

'La soberanía alimentaria no fue posible por el modelo económico'

"Lo primero que hay que señalar es que el modelo  de desarrollo, comunitario y productivo no es compatible con los principios económicos, menos sostenible en el tiempo y de corto plazo.

En ese contexto, la política de la soberanía alimentaria no ha tenido ningún avance; al contrario ha sido un fracaso.  

De paso el gobierno en su línea política, ha creado instituciones como Emapa, Insumos Bolivia, entre otros para hacer un control de toda la cadena productiva, dado que en el fondo solo ha desincentivado la productividad. Construyeron silos para controlar precios y la inflación, pero eso le ha quitado competitividad a los productores. Además, en Desarrollo Productivo, las políticas fueron un desastre, dado que se han destinado fondos sin un resultado favorable para el país; al contrario, solo mayores índices de corrupción como ha sido el manejo del Fondo Indígena.

Si bien en términos de volumen ha sido similar que hace 13 años, pero en valor se ha duplicado, eso se debe a que los precios de los productos importados, sobre todo del trigo y la harina han ido subiendo. Y el Estado boliviano no tuvo otra opción que comprar, dado que nuestra productividad no se ha incrementado.

En el caso del trigo, la situación tiene que ver con nuestra geografía distinta a lo que tiene Argentina o Uruguay, los mayores productores de la región. 

Por tanto, todo se debe a una economía proteccionista y centralista. Además, este es un proceso sin lugar a dudas  que va camino hacia el comunismo. Eso es lo que nadie se anima a decir, donde  buscan crear excedentes en el sector público y privado, identificarlo y redistribuirlos a los sectores más vulnerables. Eso es lo que está sucediendo".

Germán Molina
Economista

 

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Ismael--Luna-Acevedo
Ismael Luna Acevedo
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