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Editorial
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El Cáncer
Domingo,  8 de Abril, 2018
El-Cancer

Es más fácil ver a una jirafa caminando por la calle, que encontrar un hombre honrado en Brasilia”. La afirmación pertenece a la serie “El Mecanismo”, recientemente estrenada en la famosa cadena de televisión por internet “Netflix” y que retrata como ningún otro relato, el “Lava Jato”, el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil y posiblemente de todo el continente.

“La corrupción es un cáncer”, es otra de las frases que insistentemente se repite en cada uno de los 16 capítulos de la película, que no hace más que mostrar cómo una red de lavado de dinero sucio proveniente de la política, fue capaz de penetrar todas las instancias de la institucionalidad brasileña, desde la Policía, la fiscalía, los estrados judiciales, las empresas estatales, los partidos políticos, el Congreso y nada menos que la presidencia de la república, ejercida por Lula da Silva, condenado a 12 años de prisión por haber recibido en calidad de soborno, un lujoso departamento de una de las principales contratistas de la petrolera Petrobras, que fue convertida en núcleo de las transacciones espurias del régimen populista.

Precisamente el valor de la serie es mostrar que la revelación de semejante escándalo, fue obra de un puñado de investigadores, jueces y servidores públicos de menor jerarquía y que no operaban en Brasilia, en Río de Janeiro o San Pablo, sino en Curitiba, la capital del Estado de Paraná, donde descubrieron la punta del ovillo y posteriormente tuvieron que vencer un sinfín de obstáculos políticos y la resistencia de jefes policiales, magistrados, fiscales, empresarios y funcionarios de alto nivel que hicieron hasta lo imposible para tratar de ocultar “un caso menor” que nadie podía explicarse cómo había llegado tan lejos.

Afortunadamente la investigación contó con la ayuda de la presión ciudadana que comenzó a exigir justicia a través de las redes sociales, expresión que se transformó en multitudinarias movilizaciones que obligaron a las instituciones estatales, especialmente a la Corte Suprema, a tomar las riendas del asunto y actuar conforme a la ley. En el caso cayeron numerosas empresas contratistas, a la cabeza de la gigantesca Odebrecht, cuyo principal ejecutivo no tuvo más remedio que negociar un arreglo a cambio de confesar todos los mecanismos que utilizaba para adjudicarse multimillonarias obras públicas que se edificaron a costa de impresionantes sobornos y sobreprecios que iban a dar a los bolsillos de los jerarcas políticos.

Como sabemos, este cáncer se ha expandido por toda América Latina, ha implicado a presidentes y altos funcionarios de al menos 14 países y ha mandado al banquillo a numerosos mandatarios. Recientemente hizo metástasis en Bolivia, donde se sospecha que Odebrecht pagó sobornos para adjudicarse la construcción de algunos tramos carreteros. En realidad aquella empresa no actuó con su nombre, sino a través de otras compañías vinculadas como la OAS. Sabemos también que el Gobierno prácticamente ha prohibido investigar los mecanismos de esta compañía en el país.

Recientemente el cáncer del Java Jato hizo metástasis en Bolivia, donde se sospecha que Odebrecht pagó sobornos para adjudicarse la construcción de algunos tramos carreteros. En realidad aquella empresa no actuó con su nombre, sino a través de otras compañías vinculadas como la OAS. El Gobierno prácticamente ha prohibido investigar los mecanismos de esta compañía en el país.

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