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Editorial
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Disculpas en Chile
Martes,  13 de Marzo, 2018

A muchos dejó sorprendidos la actitud demostrada por el presidente Morales a su arribo a Chile. Ni bien llegó, pidió disculpas a los chilenos por las ofensas lanzadas en el marco de la demanda marítima presentada por Bolivia ante La Haya, muy bien condimentada con una intensa guerra verbal, acusaciones, insultos y abundantes actos proselitistas, como la larguísima tela de color azul que recorrió el país durante las últimas semanas.

Si bien el mandatario fue a Chile a invitación del Gobierno, para asistir a la posesión del nuevo presidente Sebastián Piñera, un gesto diplomático destacable, al igual que la aceptación de viajar, no era necesario semejante demostración de humildad, a menos que efectivamente, Evo Morales considere y acepte que ha ofendido a los chilenos, con denuncias muy fuertes como la que expresó a mediados de enero cuando afirmó que “los chilenos viven del contrabando que perjudica a Bolivia”.

Hay tantos que se estarán riendo ahora de esa imputación tan temeraria, especialmente después del incidente ocurrido el domingo en la población orureña de Sabaya, donde contrabandistas de autos emboscaron a un grupo de militares y mataron a dos de ellos con el objetivo de recuperar una camioneta que había sido incautada. Aquello podría ser apenas un hecho aislado, pero lamentablemente no lo es, si tomamos en cuenta que hechos como ese son frecuentes en aquella zona; que se han dado numerosos casos de funcionarios implicados, incluyendo los que fueron arrestados en el vecino país; que el Ministerio de Gobierno pasó vergüenza al ser sorprendido usando una camioneta robada; que una vez la directora de la Aduana restó importancia a la lucha contra el contrabando “por cuestiones sociales” y por último, que en cierta ocasión el propio presidente Morales reconoció que en Congreso operaba una “bancada de chuteros”.

El pedido de disculpas no es solo una simple contradicción de origen cultural como la que reveló hace unos días el ex jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, sino que tiene que ver con la certeza de que la camorra no le hace nada bien a la causa marítima y que todo es puro ardor político destinado a levantar la imagen del oficialismo e impulsar la reelección indefinida, cada vez más cuestionada dentro y fuera de Bolivia. Obviamente, el gesto presidencial también está relacionado con el ambiente que percibió ni bien llegó a Chile, que no es Venezuela ni Cuba, donde tiene toda la libertad para insultar a sus adversarios, defender a los autócratas y “blasfemar” contra los principios democráticos.

En definitiva, todo el espectáculo y la agresividad que se despliega no tienen como destinatarios a los chilenos, al gobierno de Chile o a los magistrados de La Haya, sino a los propios bolivianos, a quienes se busca infundir confianza en el Gobierno. Habrá que evaluar en este escenario cuán contraproducente puede resultar la instrumentalización partidaria de la causa marítima y las consecuencias que aquello puede ocasionarle.  La factura podría llegar a ser muy grande.

Habrá que evaluar en este escenario cuán contraproducente puede resultar la instrumentalización partidaria de la causa marítima y las consecuencias que aquello puede ocasionarle.  La factura podría llegar a ser muy grande.

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