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Editorial
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Deudas con la educación
Martes,  10 de Abril, 2018
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El Gobierno boliviano se ufana de tener uno de los presupuestos educativos más abultados de América Latina, pero lamentablemente todavía no se observan los avances que está esperando la sociedad, el sector productivo y la realidad social de la gente, cuyo nivel de vida debería mejorar gracias a la educación de calidad.

Lo más probable es que se está invirtiendo mucho, pero se está invirtiendo mal y prueba de ello es, por ejemplo, el impresionante gasto que se ha hecho en la dotación de computadoras pero que aportan muy poco por la sencilla razón de que muy pocas (poquísimas en realidad) escuelas públicas cuentan con servicio de internet. Nos convencieron de que los 300 millones de dólares del satélite Túpac Katari era pasa eso, pero todo fue propaganda. Ahora hablan de 200 millones de dólares más para otro aparato, pero nadie puede asegurar que impacto pueda tener en mejorar la conectividad, uno de los factores más importantes del progreso escolar.

La reciente huelga de maestros en Santa Cruz nos da una idea mucho más clara de que la educación sigue con viejos problemas no superados pese al impresionante incremento de recursos públicos que experimentó en los últimos años el estado boliviano, que alcanzaba para transformar radicalmente la situación del país en todos lo campos y especialmente en la educación, verdadero motor de la prosperidad de los pueblos.

Los docentes están peleando para que el Gobierno contrate alrededor de 1.300 profesores que hoy son pagados con aportes que hacen los padres de los niños. El Gobierno alardea del bono Juancito Pinto que alcanza los 200 bolivianos por año, pero no toma en cuenta que cada padre debe pagar entre 20 y 50 bolivianos por mes para costear esos sueldos. En un hogar humilde, el gasto familiar puede subir a los 100 bolivianos mensuales por este concepto, sin contar que en algunos establecimientos los chicos deben llevarse su propio pupitre, de lo contrario son obligados a pasar clase sobre el piso o encima de unos ladrillos.

Este drama es especialmente patético en las escuelas del área rural y de los barrios alejados de la ciudad, donde la calidad de la enseñanza se ve afectada no sólo por las necesidades citadas, sino también por el déficit de formación de los docentes, la ausencia de supervisión y muchos otros problemas que siguen postergando a los niños de las escuelas fiscales como ciudadanos de segunda, con pocas esperanzas de transformar su situación de pobreza.

Precisamente los que más han protestado en estos días son los maestros y padres de numerosos colegios del Plan Tres Mil, donde existe un déficit de alrededor de 50 mil horas cátedra. Se trata de una de las zonas más azotadas por la pobreza, donde las principales iniciativas educativas han sido asumidas por la Iglesia Católica y donde el Estado sigue brillando por su ausencia, pese a que politiquería siempre se da modo para ilusionar a esa gente con promesas que, como se ha visto, no se han cumplido en lo más mínimo.

El Gobierno alardea del bono Juancito Pinto que alcanza los 200 bolivianos por año, pero no toma en cuenta que cada padre debe pagar entre 20 y 50 bolivianos por mes para costear los sueldos de los maestros que no tienen ítems.

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